Monday, November 09, 2009

Linden Lane Magazine en La Casa Azul

Acabamos de añadir este nuevo
número de LLM a nuestra
web site de La Casa Azul.
Allí podrán abrir el PDF y leer
el número completo, gracias
a Karin Aldrey, esa extraordinaria
artista y amiga, que nos
ha confeccionado una
hermosa portadilla
para el enlace. Pasen y
lean este número
homenaje a la pintora
cubana
Carmen Herrera.


Esta es la dirección donde podrán leerla:


http://www.lacasaazul.org/Linden_Lane_Magazine_VOL_1_2_3_4_2009.html

Para comprar la revista impresa, ir a http://magcloud.com/browse/Issue/44599


Friday, November 06, 2009


El nuevo nùmero de Linden Lane Magazine

Acaba de salir el nuevo nùmero de Linden Lane Magazine, correspondiente al Volumen XXVIII Nos. 1, 2, 3, 4 del 2009. Un verdadero milagro, en medio de las dificultades que hemos tenido que afrontar este año.
LLM rinde homenaje ahora a esa gran pintora cubana, CARMEN HERRERA, y agradece a Gustavo Valdès, en especial, por haber facilitado el encuentro con la artista. Tambièn damos las gracias a Diana Alvarez Amell (Carmen Herrera: la inconstante armonìa) y a Zoè Valdès (Carmen Herrera: como un rumor en el ojo) por sus textos.
El nùmero se honra tambièn con las colaboraciones de Juan Abreu (Viaje a la India); Mabel Cuesta (La tìa Sara); Juan Domingo Arguelles (Dos homenajes: Heberto Padilla / Octavio Paz); Guillermo Aldaya (poemas); Ana Cabrera Vivanco (Dulce Marìa Loynaz); Baltasar Santiago Martìn (Chamaco, tragedia urbana, nocturna y postmoderna);Yara Gonzàlez Montes (El lirismo vital de Orlando Rossardi); Mario A. Garcìa Romero (Helio Orovio); Juan Cueto-Roig (Tres grandes poetas, traducciones de Emily Dickinson, Silvia Plath, Maya Angelou); Carmen Navarro (La fundaciòn de Santa Elena de Yarayà)y Notas de Libros: Diario para Uchiram,de Julia Miranda, por Josè Sànchez Boudy, y La otra mejilla, de Belkis Cuza Malè, por Maya Islas. El nùmero està ilustrado con la pintura de Carmen Herrera, y un cuadro de Orestes Puente, pintor cubano residente en Ontario.
La nueva tecnologìa nos permite ahora publicar LLM a todo color y en excelente papel. Y gracias tambièn a esa tecnologìa los sistemas de distribuciòn han cambiado. Y tambièn el precio de suscripciòn a la revista. Los que deseen comprar un ejemplar de este nuevo nùmero pueden hacerlo directamente con la empresa que nos publica, en el enlace aquì señalado. Continuaràn las suscripciones a partir del 2010 (con un precio de $30 para individuos y $60 para universidades).
Hemos eliminado las copias de cortesìa que solìamos enviar por correo, y que contribuìan a la miseria de nuestra publicaciòn porque los lectores parecen no apreciar en todo su valor lo que se les regala. De ahora en adelante, los que deseen una copia deberàn comprarla a http://www.magcloud.com/
o a nuestra redacciòn. El precio del ejemplar es $7.20 màs gastos de envìo. Deben pagar con tarjeta de crèdito, o pueden comprarla directamente a nosotros, enviando cheque o money order a nuestra redacciòn.
Nuestro email sigue siendo el mismo BelkisBell@Aol.com o el de la revista, lindenlanemag@aol.com.

Pueden hojear el magazine si usan el link de MagCloud que les damos acà, y pronto podràn leeerla tambièn en forma digital en la web de La Casa Azul, cuando, de segurto mañana, hayamos hecho la conexiòn a nuestra pàgina, con la portadilla de enlace que nos prepara nuestra querida Karin Aldrey.

Espero que este nùmero sea del agrado de todos, y lo compren, pues serà una forma de contribuir a la existencia de los pròximos LLM.
Gracias en especial a nuestros anunciantes: Padilla Cigars, Ediciones Universal, Josè Raymundo Graña/Policìa Astral, y Ars Atelier.
Y gracias a Dios por haber hecho posible este milagro. Con Dios todo es posible.









Tuesday, November 03, 2009

Isel Rivero en La Casa del Agua (LCA)

Belkis Cuza Malè

Ayer lunes 2 de noviembre nos volvimos a reunir en La Casa del Agua (léase La Casa Azul). Un encuentro con una invitada especial, Isel Rivero, la poeta cubana residente en Madrid.
Han pasado más de 40 años desde que Isel publicò en las Ediciones El Puente, en La Habana de 1960, ese imprescindible libro suyo, La marcha de los hurones, y tras lo cual la propia autora se marchó del país, dejando una estela inolvidable y extraña. ¿Qué era aquello de La marcha de los hurones, me preguntaba siempre, quién era esa muchacha misteriosa que escribió aquellos versos formidables? Parece mentira, pero sólo ahora he tenido frente a mí a la autora. Claro que, durante todos estos años hemos estado en comunicación, y poemas suyos han aparecido en Linden Lane Magazine. Pero sólo ayer, repito, la conocí en persona. Y aunque los años han pasado, descubro en Isel una secreta juventud que salta a la vista cuando sonríe. Y también, esa paz que se desprende de su aura.
Fue una reunión entre amigos poetas, más que una reunión literaria. El primero en llegar fue Juan Cueto, seguido de Reinaldo García Ramos, quien traía a la invitada. Luego apareció Elena Tamargo, poeta y germanista. A mitad de camino se nos perdió Alejandro Lorenzo, quien fue a parar, me dice, a Fort Lauderdale, pues no encontró la dirección y tampoco oímos el teléfono. Lo siento, como siento que José Graña no haya podido tampoco venir con su guitarra. Faltó además nuestra querida Karin Aldrey, quien andaba por esos lares insondables de Kendall. Y la extrañamos.
Tarde linda, en la que al final decidimos sentarnos a comer en el patio, junto al agua, mientras la brisa suave que subía del canal nos abanicaba. Adormecidos tras la comida, y de la mano de Elena Tamargo, nos trasladamos a la Cuba, su Cuba, de otra poeta, esta vez se trataba de Mercedes Matamoros, contemporánea de José Martí, para saltar luego, de pronto, al México de Trosky y las anécdotas sobre Yuri Papov. Yuri, el ruso que dirigió durante años el Museo de Trosky en México, y amigo de muchos años de Heberto Padilla.
Tras el almuerzo, que cociné con gusto para mis invitados, y el delicioso brazo gitano de guayaba (traido por Reinaldo), y agotados los vinos, cuando ya todos se habían marchado, y la noche era presencia, llegó Baltasar Santiago Martin. Asoleado, pero feliz de compartir aunque fuesen los sabores del almuerzo y la conversación. A tiempo para retratar la luna entre palmeras y cocoteros, luna llena. Inmensa.
Y es como si oyese la voz serena de Isel, leyéndonos el poema que rescato ahora de su Relato del horizonte:

Es la voz de la memoria
precipitándose sin palabras
Al espacio innombrable
Del silencio...

Les dejo aquí las fotos de la reunión

Friday, October 16, 2009


Entrevista en Marti Noticias, hoy

Agradezco a Armando de Armas por la entrevista que me hizo para Marti Noticias (Radio Martí) y que aparece hoy en su sitio web. Este es el link:

http://www.martinoticias.com/FullStory.aspx?ID=52804301-8BC7-4A9D-A486C808B172C58D

Belkis Cuza Malé, Heberto Padilla y el tiempo roto

La poeta y escritora cubana exiliada, Belkis Cuza Malé.
(Martí Noticias, A. de Armas) - Belkis Cuza Malé nació en la ciudad de Guantánamo, en Cuba, y estudió Humanidades en la Universidad de Oriente. Casada con el poeta Heberto Padilla, padeció junto a él persecución, acoso y encarcelamiento por parte de las autoridades del régimen de la isla en lo que la historia recoge como El Caso Padilla, en 1971. Exiliada en Estados Unidos desde 1979, ha fundado y dirigido las publicaciones Linden Lane Magazine y la Casa Azul. Ha publicado los libros El viento en la pared,1962. Los alucinados, 1963. Tiempos de sol, 1963. Cartas a Ana Frank, 1966. El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero, 1984. Woman on the Front Lines, 1987, y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows, 1994, y Juego de damas, 2002. La otra mejilla, 2008.

Belkis Cuza Malé es entrevistada por Armando de Armas, en exclusiva para MartiNoticias.

MN. ¿Por qué un poemario como Juego de damas permanece prácticamente inédito por tres décadas?
BC. Porque vivimos en el exilio y los editores están más interesados en los que permanecen en la Isla. Con contadas excepciones, no hay editoriales para nosotros, ni invitaciones, ni viajes, ni nada. Y mucho menos para la poesía.
MN. ¿Considera usted que hay una censura sin afeites, como la ejercida por el régimen cubano, pero también una censura sutil sustentada en lo políticamente correcto, dictadura de la moderación, como la ejercida por la academia y las editoriales en occidente?
BC. Yo he vivido las dos clases de censura. No soy negativa, soy rebelde, batallo, no me dejo aplastar, pero he preferido vivir mi propia vida, hacer Linden Lane Magazine, abrir La Casa Azul, a buscar editores para mi obra. No soy un caso aislado, los intelectuales cubanos del exilio continuamos siendo unos apestados. Casi como lo éramos en Cuba.
MN. ¿Cómo conoció a Heberto Padilla? ¿Alguna anécdota al respecto?
BC. Conocí a Heberto el 6 de febrero de 1962, en la premiación del Concurso Casa de las Américas de ese año. Tanto él como yo quedamos finalistas en esa ocasión. Yo con mi libro Tiempos de sol, y él con su excelente El justo tiempo humano. Yo no había cumplido aún los 20 años, pero me llamó la atención ese poeta que hablaba con pasión desbordante. Tuve la impresión de que lo conocía de alguna otra época, de siglos atrás, y por eso le dije: ¿De dónde lo conozco?
MN. ¿Era Heberto un seductor?
BC. Sí, era decididamente un seductor. Un hombre de mucho encanto a la hora de hablar.
MN. ¿Cree que era ineluctable que usted y Padilla se encontrasen en el tiempo y en el espacio, más, en ese tiempo y en ese espacio?
BC. Sí, claro. Era inevitable que nos encontrásemos en ese espacio y en ese tiempo. Y que yo colaborara con él en llevar adelante su misión. La mía de entonces era parte de la suya. Al menos, la misión que tenía con él. Nunca he dudado de esto. Me sentía y me siento comprometida con él en ciertas cosas. Por eso guardo su archivo e intento poner en orden su obra dispersa y todo el material que dejó. Y por supuesto, seguir protegiendo su memoria porque hay quienes no se cansan de intentar hacerle daño, aún después de muerto.
MN. ¿Cree en la vida más allá de la muerte?
BC. Por supuesto, tenemos un alma y ésta continúa viviendo eternamente. Y pasamos a otra dimensión a encontrarnos con Dios.

Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla.
MN. ¿Cree en la reencarnación?. De ser positiva la respuesta. ¿Le gustaría volver a vivir al lado de Herberto?
BC. A veces creo, y a veces no. No me entienda mal. A veces he sentido que he sido alguien más, que he vivido al lado de Jesucristo, y caminado junto a él, como una más. También en algún otro momento creí que podría ser la poeta cubana Juana Borrero, muerta en 1896, en Cayo Hueso, pero mi maestro espiritual José López del Río me convenció de que no, que yo era otra persona. Nunca supe quién, porque él murió sin decírmelo.
Pero la idea de la reencarnación me seduce, aunque sé que como seres humanos somos únicos, irrepetibles.
Me encantaría encontrarme con Heberto de nuevo. Vivir no sé, jajaja.... A menos que no me llame más Luisita, nombre que ni él ni yo supimos nunca por qué usaba con frecuencia. Otra cosa esotérica que nos unía.
MN. ¿Qué sintió usted cuando estuvo por primera vez ante el manuscrito de Fuera de juego?
BC. Yo viví junto a ese manuscrito durante los dos o tres años que se fraguó y escribió. Y luego fui yo quien lo llevó personalmente a la Unión de Escritores el día del cierre de admisión, a las 12 de la noche. Esperamos hasta el último momento, cuando yo no podían hacer nada para impedirlo. Yo se lo entregué personalmente a Blanquita, la secretaria de la UNEAC, fue él último manuscrito en entrar al concurso. Me sorprendió esa poesía que decía cosas nunca antes escuchadas, que era tremendamente bella. Algunos de esos poemas hablan de mí (como Una muchacha se está muriendo entre mis brazos) y otros, de nuestra relación. Un hermoso libro que no ha dejado de hacer historia. Por supuesto, el primero que tendría que reconocer esto es el tirano de Cuba. Heberto fue profético.
MN. Se dice, creo que con razón, que hubo un antes y un después del Caso Padilla en las relaciones entre el castrismo y la intelectualidad en la isla y en el exterior. Pero, cuénteme, como fue para usted estar allí, vivir, formar parte de la Historia?
BC. Fue muy difícil, horrible a veces, con todas esas persecuciones y los agentes de la Seguridad del Estado colados en nuestro apartamento haciéndose pasar por amigos. Y yo espantándolos como se hace con las cucarachas, aunque sin conseguirlo, porque volvían y volvían.
Pero a pesar de los pesares, viviendo peligrosamente, vivimos los años más intensos de nuestra relación, y yo no cesaba de aprender de todo lo que decía Heberto, que era un hombre extraordinario, un intelectual como pocos, pero con los pies muy bien puestos en la tierra.
MN. Heberto Padilla defiende públicamente a Guillermo Cabrera Infante y ataca a Lisandro Otero, cuando El Caimán Barbudo le pide su opinión sobre Pasión de Urbino, novela que meses atrás había ganado mención en el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, dando pruebas, a mí entender, de ser Heberto un hombre que se la jugaba por un amigo. ¿Se mantuvo esa amistad en el tiempo? ¿Cómo recuerda a Guillermo Cabrera Infante?
BC. Sí, recuerdo bien los tiempos esos, y la defensa de Heberto a Guillermo Cabrera Infante. Lisandro Otero era lo que nosotros los cubanos llamamos un bofe, un tipo peligroso, con poder y de la Seguridad del Estado. Aspiraba a ser Hemingway, pero se quedó en el hueso.
Heberto defendió a Guillermo por razones casi esotéricas. Lo hace aprovechando la coyuntura de que le piden la opinión sobre la novela de Lisandro. Pero estaba pendiente el incidente donde habían bajado del avión a Guillermo cuando regresa a Cuba tras la muerte de su madre. Creo que sabía a lo que se exponía sacando a luz un asunto tan peliagudo como lo que le pasó a Guillermo con la Seguridad del Estado. Fue un modo de atacar esa política, de abrir una brecha en ese muro que ya comenzaba a levantarse en Cuba contra la verdadera libertad de expresión.
Siempre se mantuvo esa amistad entre Guillermo y Heberto, y a lo largo de los años siguieron viéndose y conversando. Guillermo incluso me envió un artículo inédito para Linden Lane Magazine.
MN. ¿Algún libro en el que trabaje actualmente?
BC. Sí, mi libro La buena memoria, donde cuento el Caso Padilla, nuestra vida allá y parte de los años en Estados Unidos.
MN. ¿Regresaría Belkis Cuza Malé a vivir en una Cuba en libertad?
BC. No lo creo, aquello no se compone fácilmente. Yo no aspiro más que a la tranquilidad y el orden. Me hubiera gustado que se hiciera un museo en la casa de los Borrero en Puentes Grandes, el museo del siglo XIX o algo así, pero creo que mi misión va por otro rumbo. Si Dios nos presta vida, como dicen los mexicanos.



http://www.martinoticias.com/FullStory.aspx?ID=52804301-8BC7-4A9D-A486C808B172C58D

Tuesday, September 29, 2009

Adios, mi querida Boomer!

Ayer por la tarde se fue mi querida Boomer. Había estado a mi lado 13 años, y siempre fue ese ser noble y callado, que ni siquiera ladraba. Una husky dotada, como los de su raza, de un especial sexto o séptimo sentido --quién sabe--,capaz de leer mi pensamiento, de adivinar cuándo yo había decidio sacarla a caminar por el vecindario. O de por qué lloraba.
Tenía los ojos negros, bellísimos,como diseñados con pincel, y me miraba desde algún sitio del alma.
La encontré muerta, es decir, dormida, tras varios días de mucho sufrimiento. Creo que esperó a que yo saliera brevemente de la habitación para ahorrarme la despedida, que hubiera sido otro momento verdaderamente triste, cuando uno se siente impotente ante la muerte.
Subió al cielo su alma, porque los perros tienen también una, aunque quizás de otra naturaleza. No lo sé, pero estoy segura de que hay un ángel más allá arriba, y de que no se apartará nunca de mí, al igual que no lo han hecho ninguno de mis adorados perros y gatos que partieron antes que ella.
Dios te bendiga, mi inolvidable Boomer, la dulce y tierna Boomer.

Wednesday, September 23, 2009


El otro Heberto: desde el fin del mundo


María Padilla y su padre, Heberto Padilla, en La Habana, a mediados de los setenta.

Belkis Cuza Malé


Los poetas son profetas, aunque casi nunca en su tierra. En el caso de Heberto Padilla no cabe dudas de que vaticinó en Fuera del juego mucho de lo que hoy vemos en la Cuba castrista. Por eso, aquéllo de que *no fue un poeta del porvenir*, como afirmó en uno de sus versos, no me parece justo, ni acertado. Sin jactarse de predecir el futuro, lo encontramos siempre *leyendo* el porvenir. *Pablo, cuando yo muera*, dice en verso temprano, adelantandose a los años, aunque puede afirmarse que nunca buscó claridad en torno al tema espiritual. Lo suyo no era la metáfisica, sino la filosofía, la búsqueda de una verdad que encajara en sus propias angustias existenciales.
Su única referencia religiosa se remonta a aquella escuela de monjas en Pinar del Río, donde estudió hasta el tercer grado. Le conmovía recordar el ambiente del convento al que estaba adscrita aquella escuela de su infancia. Ya de mayor, no buscará a Dios del modo tradicional, a pesar de que parecía atormentarlo un dolor ontológico muy profundo, que no sabía expresar más que a través de la depresión. A veces repetía los versos del Eclesiastés, como para apoyarse en su propia duda.
Luego, en aquella revista de la iglesia episcopal, que dirigía por entonces Vicente Echerri, escribíó el único texto donde intentaría poner en claro su a ratos agnosticismo. *Alguien paso* fue el título escogido para nombrar su asombro ante lo innombrable.
No sé si aquello del cielo y el infierno le ofrecía techo moral, porque como digo se
alejó del tema para adentrarse en aquel otro que a mí me inquietaba, el de la Historia. Sí, yo, que no entendía nada de esa conjura extraña que significaba la razón social, me quedaba siempre a ciegas, mientras Heberto buscaba en la realidad inmediata una excusa para no creer.
*Callate, bruja*. Le oí decir a ratos, casi riendo, atemorizado porque yo abriera la boca y empezara a leer destinos y accidentes en alguna fiesta a los que alguna que otra vez solían invitarnos, antes de que se produjese el Caso Padilla. Supongo que se avergonzaba de estar casado con una *pitonisa*. Pero yo disfrutaba llevándole la contraria.
Hubiera preferido, decía muy en serio, una doctora en farmacia, o una científica, alguien alejado de su propio mundo intelectual. Le cansaba estar el santo día hablando con una mujer que repetía todo el tiempo lo mismo que él, y que de contra le leía el porvenir.
Pero el 24 de septiembre de 2000 se hizo el silencio. Su voz calló, y tras su partida apenas si recuerdo haber soñado una o dos veces con él. Lo mismo me ha sucedido con familiares y amigos muertos, como si se alejaran hacia un espacio infinito e inaccesible.
En octubre del año pasado, mientras seleccionaba los libros que traería conmigo a la Florida, descubrí la presencia de Heberto muy cerca de mí. Sacar el polvo a esos libros me hizo abrirlos y encontrar números en la primera página indicando fragmentos del libro que habían llamado su atención, al igual que pequeñas notas sobre los más variados temas, sin relación alguna con el libro, en la última página. Allí estaba él, con su inolvidable caligrafía, escribiendo mensajes que a primera vista parecían códigos indescifrables. !Rescua de números, teléfonos, nombres, títulos de algo, pensamientos al vuelo, qué sé yo! Mensajes a mi persona, nunca antes leidos. ¿Cuándo los escribió? ¿Cómo no los había visto antes? Mensajes respuestas, quizás advirtiéndome, protegiéndome de extraños peligros. O porque, como dice en uno de sus poemas, *está obligado el ojo a ver, a ver*.
El, que parecía despreciar el oficio de lector espiritual, se comporta ahora como uno más: abro un libro y allí está su mensaje. Y sé que es un mensaje actualizado, con vida, una referencia inmediata a algo que debo conocer, o que me inquieta.
Una tarde de este agosto, mirando el azul descendiendo sobre el mar, abrí un libro al azar y descubrí mi nombre; a solas allí, tanto como lo estoy yo, escrito con su hermosa letra de calígrafo japonés: Belkis. Eso era todo. Acompañado del silencio atronador del más allá.

*Hoy se cumplen nueve años de su partida.
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Sunday, September 13, 2009


En este parque, con Juan Almeida: mi primer diseño

Belkis Cuza Malé

Corría 1967, a poco menos de un par de meses de que el libro de poemas de Heberto Padilla, Fuera del juego, ganase el Premio Julian del Casal, de la Unión de Escritores, libro que marcaría un hito en la literatura cubana y que inauguraría la disidencia contra el régimen castrista,
A su regreso de Europa, a donde había viajado como representante del Ministerio de Comercio Exterior para los países escandinavos, y tras renunciar a la oferta de que se hiciese cargo de las oficinas en París, Heberto se lanzaría en la peligrosa aventura de enfrentarse al sistema. Lo hará de súbito, ante mis ojos aterrados, cuando me lee los espléndidos poemas que ya estaban formando el cuerpo de su Fuera del juego, título que de por sí no dejaba dudas de la intención del poeta. Son los días en que de forma apocalíptica decide romper lanzas y defender a Guillermo Cabrera Infante, y atacar a Lisandro Otero, cuando El Caimán Barbudo le pide su opinión sobre Pasión de Urbino, la novela que meses atrás había ganado mención en el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Al sacar a la luz los atropellos contra el autor de Tres tristes tigres, por parte de las oscuras fuerzas de la policía secreta, y defender a Guillermo, en detrimento del seguroso Otero, y de su mediocre novela, Heberto no sólo se granjeó el odio del personajillo de marras, sino que provocó la ira de los represores, a los que él sin duda había acusado en esa polémica, señalándonos con pelos y señales. Era la primera vez que alguien usaba en la Cuba de entonces un espacio periodístico para ejercer el derecho a la libre expresión. Sería la primera y la última, creo yo, porque a partir de ahí, y tras la salida de Jesús Díaz, director de El Caimán Barbudo (a quien es obvio obligaron a renunciar), corren por La Habana peligrosos aires de represión. Esa polémica fue el detonador que necesitaba el gobierno para poner en práctica aquellas palabras pronunciadas por Fidel Castro en la Biblioteca Nacional en época tan temprana como 1961: *Con la Revolución todo, contra la Revolución nada*.
De modo que la acción de Heberto lo afectará especialmente a la hora de encontrar un empleo, pues ya dije que a su regreso de Europa se había negado a seguir siendo el representante comercial de Cuba en el extranjero. En un país donde el gobierno es la única fuerza de trabajo, no le iba a ser fácil sobrevivir. Recuerdo, además, las amenazas de Lisandro Otero –director entonces de la Revista Cuba Internacional, y colaborador oficial de la Seguridad del Estado—cuando se llenó la boca para decirle a Heberto: * la comida de tus hijos está en peligro*.
Pero gracias a la buena voluntad del comandante Alberto Mora (quien precisamente hoy, 13 de septiembre, se pegó un tiro hace ya 37 años). Heberto pasó a ocuparse de las relaciones internacionales en la EGREM, la empresa cubana de discos. Era una trabajo más bien burocrático, que no le iba a durar mucho, pues estábamos a unos pocos meses de *la nueva provocación´ del poeta, al concursar en el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal.
Su pasada experiencia como fundador y director de la empresa Cubartimpex, que se encargaba de la importación de libros y arte, lo avalaban para la nueva tarea en la EGREM, aunque por esa época yo sentía que Heberto no estaba interesado en nada que no fuese abrirle los ojos a los demás sobre el peligro que ya acechaba a la sociedad cubana, tras haber residido varios años en los países socialistas y comprobar el desastre en que éstos se habían convertido. Fuera del
juego es el resultado de esa experiencia traumática, que convertirían al poeta en un verdadero profeta.
A la EGREM llevó a trabajar con él a Alberto Martínez Herrera, cuentista y ensayista, gran amigo que había estado también en Cubartimpex. Por esos días yo había sido echada del periódico Granma, donde trabajaba en las páginas culturales, y andaba en busca de empleo, y Alberto, que sabía de mi interés por la pintura y el diseño, me llamó para proponerme una colaboración. Se trataba nada más ni nada menos que de diseñar el nuevo disco LPV del comandante Juan Almeida. Recuerdo que abrí mucho los ojos y le pregunté a Alberto si estaba loco. *Pero si yo nunca he diseñado nada, y menos un disco. Y para colmo se trata de un personaje como Almeida*. Alberto me convenciò de que èl conocìa mi talento artìstico (¡!!) y de que iba a hacer un buen trabajo. Ademàs de que me pagarìan $50 pesos, entonces una fortuna.
Fue Heberto quien, con su natural instinto para el diseño, me sugirió el estilo que mejor cuadraba a aquella foto de un par de enamorados que Almeida había enviado a la EGREM y sobre la que debería elaborar el diseño. No me gustaba para nada esa pareja convencional que sin duda dejaba poco espacio para la imaginación. Pero con la sugerencia de Heberto me di a la tarea de hacer un boceto. Lo peor venia a continuación. Apenas si podía comer y conciliar el sueño pensando que estaba citada para entrevistarme con el comandante Almeida en las oficinas del Ministerio de las Fuerzas Armadas. Para colmo, el hombre estaba sustituyendo a Raúl Castro, que se había tomado unas vacaciones, o andaba viajando, y era nada menos que el ministro. Yo temblaba de pensar en ese encuentro, y en sus posibles consecuencias si no le gustaba mi diseño o si me pedía referencias como artista gráfica, o si se enteraba de que me habían echado del periódico Granma. Ya me veía entre rejas, acusada de burlarme del Ministro de las Fuerzas Armadas, héroe a su vez de la Revolución.
Temblando, y tras identificarme en los distintos puntos de chequeo, subí por el elevador hasta donde me indicaron estaban las oficinas del Ministro. La secretaria que ocupaba el buró a la entrada, me hizo pasar a un enorme salón, amueblado con estilo y modernidad, donde recuerdo que prevalecìa el color marrón. Presidiendo el sitio descubrì sin mucho esfuerzo un gigantesco y moderno tocadisco y grabadora, como ésos que sòlo se veìan en Cuba en las pelìculas.
Sola y sin dejar de temblar, con mi carpeta repleta de bocetos y papeles que yo intentaba no tirar al suelo, lo vi llegar por alguna puerta lateral. No era muy alto, un mulato de rostro agradable, con grandes bigotes, y pensé que me recordaba a Antonio Maceo, aunque de seguro el Titán de Bronce debió ser más alto. Ni entonces ni ahora mi valoración de su físico estaba asociada a la política: era sencillamente un mulato que se me parecía a Antonio Maceo. Punto.
Debió notar que yo estaba muy nerviosa cuando estreché aquella mano que me extendió con amabilidad. Nos sentamos en un sofá negro que había en el amplio salón y enseguida abrí la carpeta mostrándole mis bocetos en los que encajaba aquella foto que él se había empeñado que presidiese la portada de su disco En este parque.
Para mi sorpresa le pareció bien lo que yo le mostraba, y no recuerdo que me hubiese preguntado nada al respecto. Fui yo quien quería adelantarme a sus pensamientos, para evitar así sus preguntas. Lo vi sonreir y darme las gracias, y yo me despedí aliviada.
Ahí no terminaría mi labor con el disco En este parque, sino que además del diseño tuve que escribir la contraportada. Cuando terminé, entregué mi trabajo a la EGREM y ellos se encargaron de imprimir el disco en España. Meses después me enviaron una copia de En este parque. El diseño y la labor de edición del mismo llevaban mi firma, lo cual --dadas las circunstancias—me hizo sentir complacida. Quizás, el comandante Juan Almeida no se enteró nunca con quién aparecía en su disco En este parque. Me había graduado como diseñadora y a la vez, había pasado una prueba de fuego.
Anoche, pensando en todo esto, abrí el Gramna para leer sobre la vida de Almeida y oi su canción La Lupe, interpretada por Silvio Rodríguez. Para ser justa con Silvio (a quien detesto) y a quien conocí en sus años de rebeldía, cuando escribió una canción para Heberto y su Fuera del Juego, y aquella vibrante Para no verte tanto, contra Fidel Castro, diré que su interpretación de La Lupe, la canción con que Almeida se dio a conocer, es realmente buena. Lo cortés no quita lo valiente.
No voy a juzgar a Juan Almeida, no soy Dios, ni me interesa. He oido, y leido ( y no precisamente en Granma, sino en el blog miamiense Secretos de Cuba) que en varios instantes de su vida demostró actuar con honestidad: *Fue sustituido por el comandante Dermidio Escalona, al negarse a torturar a los prisioneros* (en Playa Girón), dice la nota de Secretos de Cuba. Este simple hecho me basta para entender que no importa dónde las circunstancias de la vida nos coloquen, siempre habrá dos bandos, el de los buenos y el de los malos. Y no hay absolutos para Dios. Tampoco debería haberlo para nosotros.
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