Friday, April 04, 2008

SIN LIBERTAD NO HAY UNEAC, NI PAIS


Belkis y Heberto Padilla en 1969, junto a la higuera de la UNEAC. He escogido a propósito esta foto con muchas sombras, porque refleja mejor que ninguna otra la energía de los acontecimientos futuros, que entonces éramos incapacez de prever.

Ahora que se está celebrando el Séptimo Congreso de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), me gustaría enviarle un mensaje a mis ex compañeros de la Unión, a aquéllos que formaron parte de mi entorno durante diez años en la redacción de La Gaceta de Cuba, unos como amigos muy queridos y cercanos, otros como simples compañeros de trabajo. Quisiera que este Congreso sirviera para recordar y homenajear a las víctimas, a los fusilados, a los condenados de por vida a celdas infrahumanas, y a los que fueron privados de su derecho a opinar y a diferir del sistema y de su Máximo Líder. Sé que pido demasiado, pero no se pueden intentar cambios cuando la mayorìa de los setenta y cinco periodistas independientes y disidentes de la Primavera Negra de 2003 permanece todavía cumpliendo largas y crueles condenas. O hay libertad para todos, o no hay UNEAC. Pidan libertad y pan para el pueblo y todo lo demás caerá por su propio peso.
Como un ¨saludo¨a ese Congreso de la UNEAC, les pongo aquí algunos capítulos de mi libro en preparación La buena memoria. Ojalá que los cambios en Cuba estuvieran en manos de un congreso de escritores y artistas. Al menos, me quedaría el consuelo de saber que han servido para algo más que para aplaudir la locura de Fidel Castro.


En 1969 la UNEAC le renovó el carnet de Miembro a Heberto Padilla. Sería la última vez, no lo volvieron a hacer en 1976.


¿Unión de Escritores?

Febrero y 1972

La calle H está empedrada desde Línea, vieja calle del Vedado que transito diariamente camino a la Unión --(UNEAC) Unión de Escritores y Artistas de Cuba). Calle con cuesta, donde florecen jardincitos tibios, a "lo cocinera", que se me hace más agradable si imagino que por aquí transitaban hace muchíismo años, más de medio siglo quizás, los carruajes tirados por caballos y más tarde los recien estrenados automóviles, que sin duda marcaban su paso a un ritmo distinto.
Porque el barrio de el Vedado no es demasido viejo. Lo he visto crecer desde las páginas de la revista Social, que reviso por las tardes en la biblioteca de la UNEAC. Aquí y allá fueron surgiendo las mansiones blancas de grandes jardines enrejados, y La Habana se ensanchó mientras aparecían como moscas "los palacetes italianos", de mármoles de Carrara y piedra de cantería. El color del vedado es el blanco, salpicado de rosas y enredaderas; lo veo alzarse sobre sus cimientos y pienso en lo hermoso que fue hace treinta años.
"Villa Cristina" se alza en la esquina de 17 y H, y apenas si se percatan los transeuntes de esas letras de hierro forjado que coronan la cancela principal, ahora siempre abierta. Cuando atravieso el jardín, con sus rosales a cada lado de la senda, y subo las pocas escaleras del frente, no acierto a imaginar cómo era esta mansión en su mejor época, cuando el señor Gelats la habitaba con su familia. Rondando va y viene Tomasita, la perra. Anda por toda la mansión con su aire de animal huérfano que ha encontrado un hogar. Con los años se ha puesto gorda, pero sin perder agilidad ni interés por lo que le rodea. Es parte ya de esta casa --quizás, su morador más importante--, y en las noches, compañera inseparable de esos dos italianos --de Sicilia, creo--, que trabajan de serenos, sobre todo de Stabile, a quien siempre adivino en trajines de "mercado negro", trayendo frutas y embutidos.
Sobrecogen las clásicas paredes de Villa Cristina, su monumentalidad, los cristales tallados de las puertas, la enorme escalera de mármol, como una sierpe que se desperezara. El vestíbulo principal es un semicírculo que da acceso a otras estancias amplias que se comunican entre sí con enormes puertas de corredera. Han cambiado mucho estas habitaciones: primero fueron salón de recibo, luego de conferencias, y ahora, la biblioteca.
Allí está Yvonne, con su cabellera rubia y su inocencia de muchacha que no crecerá nunca, y luego la otra Belkis, trigueña y joven, con aire más sofisticado.
"El dentista me ha dicho que aprieto demasiado los dientes cuando duermo --me cuenta--, y que estoy tensa, muy tensa".
Este sitio parecería poner tenso a cualquiera. Hay algo de pesadez mortuoria en cada uno de sus recovecos. el pequeño elevador es como un sarcófago vertical, por el que sólo sube ahora el poeta Nicolás Guillén, presidente de la UNEAC, aunque a veces algunos confiados visitantes se animan a tomarlo.
El despacho de Guillén preside los altos, con sus puertas pintadas de blanco, y él siempre detrás de su escritorio. Allí parece sentirse como en su casa, y a ratos suele visitarnos en el despacho de La Gaceta de Cuba; sonriente, con el ánimo de mostrarnos con orgullo infantil, alguna cosa sin importancia, pero que para él parece tenerla mucho: un reloj nuevo con manecillas magnéticas, que le ha regalado alguien; un libro suyo recien traducido al creota; un juguete o un artículo simpático que le acaban de enviar desde algún lejano sitio del mundo. Es un viejo afable, con su cabellera amarillenta, sobre lo largo, y el rostro ancho y mulato, con piel muy tersa, sin arrugas. Tiene la fortaleza de un tronco de árbol, y parecería no sufrir más que con las críticas acerbas de sus enemigos, de los que mucho se cuida. En el fondo es demasido vanidoso y sensible a todo lo que digan, lo bueno o lo malo. Su condición de mestizo lo ha perseguido siempre, porque algunos con mucho poder se ensañan con bromas racistas, y él lo sabe.
Quizás sin proponérselo se ha ido rodeando de negros y mulatos. Por eso la Unión de escritores tiene un alto porcentaje de ellos, como si sólo confiara en los de su raza para distinguirlos con su amistad y simpatía personales. Cuando regresa de sus viajes al extranjero trae regalos para los más cercanos y fieles: Esther, Bienvenido, Sonia...
Pero la nueva adquisión es Cuellar, viejo periodista de la revista Bohemia, recientemente incorporado a la redacción de La Gaceta de Cuba. Autor de un único libro de cuentos, que arrastra consigo a todas partes, es un experto en religiones afrocubanas. A Nicolás lo llama "El Animal", expresión de cariño que no sólo utiliza con él en privado; tampoco se oculta para hablar de los "trabajos" de brujería que siempre le recomienda a su viejo amigo en momentos difíciles. A pesar de ser un entendido en la materia, una tarde se sorprendió cuando le recomendé que tomara té de yagruma para su asma. Se maravillaba de mi comentario, pues nunca me había hablado de su padecimiento, ni mucho menos sabía yo que a esa planta se le atribuían dichas propiedades curativas.
De ahí partió nuestra amistad, que se basa en una mutua simpatía, sobre todo desde aquella vez en que mirándome con cara muy seria me dijo: "Belkis, tú te pareces mucho a Pola Negri". No pude menos que reirme de su ocurrencia y preguntarle dónde estaba entonces mi Rodolfo Valentino.
Cuellar es uno de esos seres difíciles de rechazar, porque además anda con un maletín negro lleno de dulces y caramelos para repartir. Vive en la Habana del Este y cría a un nieto que recientemente ha quedado huérfano, al morir su única hija. Su terror, me confía, es morirse antes de que elmuchacho se haga hombre y quede abandonado. Se lo pide a Dios todos los días, me dice, quiere vivir un poco más, pero tiene el corazón débil...


Foto y firma de Heberto Padilla en la parte posterior del último carnet de la UNEAC.

Junto al despacho de Nicolás están ahora las oficinas de La Gaceta, seis escritorios amplios y al centro una mesa redonda de caoba para celebrar las pocas reuniones de trabajo. Aquí todo es monotonía, y cada cual anda a su aire, sabiendo de antemano el papel que le ha tocado interpretar. Somos demasiado para un tabloide de apenas 24 páginas, que supuestamente debe aparecer mensualmente, pero que por problemas de la imprenta se publica cuando se puede.
Ocho personas, pero por lo menos ahora hay cuatro que no pueden realizar trabajo alguno. Entre ellas estoy yo. Nuestra obligación consiste, única y exclusivamente, en firmar el libro de entrada a las dos de la tarde y permancer sentados allí, al alcance de la vista, hasta que se vayan disolviendo todos en el atardecer. Nunca pregunto nada porque no me corresponde hacerlo. Hace mucho que se mantiene esta situación, que nos han prohibido participar del trabajo de la redacción; un castigo impuesto a raíz de nuestra "autocrítica", en aquella memorable noche del 27 de abril de 1971. Por eso nos hemos ido convirtiendo en un símbolo, al estilo de las estatuas de sal. Han dicho: "No podrán tocar las pruebas de plana, ni las galeras de La Gaceta". Lo ha dicho Luis Marré, el director, con esa turbación tan suya que lo caracteriza en todo momento, pero especialmente cuando tiene que poner las cosas "en orden" y parece no estar de acuerdo con el método. Entonces se enrosca en sí mismo, ladea la cabeza, se pone tartamudo y suelta a toda prisa su perorata tratando de lograr el estilo más natural del mundo, remedando el lenguaje de los campesinos, a cuya clase dice pertenecer con orgullo casi malsano.
De modo que el tiempo se hace infinito entre estas paredes. El pequeño despacho de Marré, como Jefe de Redacción, no tiene puerta, un simple closet, pero si alguien es llamado allí intuimos la gravedad del asunto, porque es un sitio que parece tragarse las palabras. Marré apenas disfruta de su "privacidad", pues anda toda la tarde dando vueltas por el edificio. Una vez al mes, cuando se siente realmente apremiado con el cierre de La Gaceta, se lo lee todo de una sentada.
Para que no me abrume el tiempo ni esta extrañeza de "ser sin estar", he traido labor de costura y me mantengo absorta, ignorante de todo lo que sucede a mi alrededor. Estoy confeccionando una sobrecama de retacitos, incrustándole flores que hago también enrrollando y rizando trocitos de tela. Me está quedando linda, y ya comienzan los demás a interesarse en lo que hago. Coso en presencia de la redacción completa, sentada cómodamente frente a la gran mesa. No sé si mi presencia de alucinada perturba a alguien, pero hasta ahora no me lo han prohibido. Mi colcha va creciendo con los días, soy ahora una especie de Penélope tropical, sin saber qué espero.
El horario, hasta ahora vacío, se ha ido llenando de contenido. Procuro llegar media hora antes de lo señalado y así leo las revistas extranjeras del mundo Occidental que tiene la biblioteca . Están sólo alcance de los miembros de la UNEAC, que son también los únicos autorizados a entrar en la casona de 17 y H. LLegan las suficientes para estar al día sobre lo que ocurre en Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España, por citar sólo estos países. Revistas de todo tipo, de las que tomo nota y luego doy a Heberto cuando regreso a casa. De este modo nos mantenemos informados, pero el resto de los miembros de la UNEAC, salvo contadas excepciones, no parece muy interesado en estos magazines que mensualmente arriban en inglés, francés y español. Son muy pocos los que suelen frecuentar la biblioteca, pero yo vivo de ellas, me las devoro, y por las noches sueño que el mundo es como lo pintan las más hermosas páginas de arte o arquitectura, y que --además--, las editoriales extranjeras están ansiosas por publicar toda la literatura que escribamos. El mundo fuera de esta isla debe ser otra cosa, me digo, llena de ilusión.
A ratos comienzo a interesarme por otras materias, libros que pertenecieron a la biblioteca de Gelats, y que duermen un sueño eterno aquí esperando por alguien que los lea. Descubro uno maravilloso de botánica, que despierta en mí una súbita vocación por la naturaleza: quiero conocer los nombres de los árboles, arbustos y flores que me rodean. Aplico mis conocmientos en la medida que estudio, y en el propio jardín de la UNEAC trato de descubrir todo lo que leo en ese libro. !Qué fiesta del espíritu!
Para consolarme, me digo que no la paso tan mal, pues ahora comparto mi tiempo entre la biblioteca, la costura de mi colcha de retacitos y la botánica tropical. Todo eso parece estarme permitido, menos ser una escritora.
Al atardecer regreso a casa. Hago el camino de vuelta bajando hasta la calle Línea, impaciente por contarle a Heberto --prisionero en casa-- lo que he leido en la biblioteca o los incidentes del día en la mansión de los escritores. Así pasan los meses.


Asamblea de efectos eléctricos


Miguel Barnet y Belkis visitando en 1973 una casa del Cerro en la que vivió el poeta Rubén Martínez Villena. Foto de Ricardo Barrero.

Mayo, 1971
Sí, asamblea de efectos eléctricos. Hacía dos meses que me habían otorgado el bono que me daría derecho a comprar una olla de presión. Como tengo una hija pequeña obtuve más puntos que Sonia, la Secretaria General del Sindicato, o Celina, la Jefa de Personal. Pero hace dos meses las cosas eran distintas. No había sucedido aún lo que sucedió con Heberto y conmigo y no habíamos ido a parar a la Seguridad del Estado y, aunque marginados siempre, la vida era otra.
Veo a Bienvenido Suárez, el Administrador de la UNEAC dando lectura a las decisiones de la comisión y oigo cuando pide que levanten la mano para ratificar la elección. Me toca el turno, espero con impaciencia, pues necesito pasar el menor tiempo posible en la cocina. No sé por qué han demorado tanto en celebrar esta asamblea de ratificación, pero confío en que todo marche. Me han nombrado y es como si se hablara del fantasma de alguien ausente. Silencio total. Bienvenido vuelve a hacer la pregunta: "¿Están de acuerdo en ratificar el otorgamiento de la olla de presión a Belkis...?". Nadie levanta la mano; me fijo con tristeza distraida en aquellas caras duras, de jueces implacables, o de miedosos que no quieren ser juzgados a la vez. No todos son mis enemigos, más de cuatro son mis compañeros de desgracia, escritores marginados a quienes sólo se les ha dejado la oportunidad de asistir a las redacciones de La Gaceta de Cuba o la Revista Unión, en un simulacro de normalidad que huele mal. Somos un equipo de "caídos en desgracia", sin haber disfrutado nunca de la gloria de las altas esferas, por supuesto. Entonces, veo la cabeza del pintor José Cid, mi amigo, que ha hecho un movimiento a uno y otro lado, como para cerciorarse de que está solo en su audacia, y se permite levantar la mano por mí, tiene el valor de la solidaridad humana. Pero un brazo levantado no es suficiente, y Sonia se lleva el bono (que fue mío antes) para comprar una olla de presión. Con anterioridad ya ella había obtenido el del radio, la batidora, el televisor y el reloj despertador.

Enero, 1974
Junto a las palmas del caminante y el sendero por donde hacen su entrada los automóviles, la tierra ha devorado los canteros de "cangrejos" y "cintas". Me gusta formar un canal circular que dé brillo y encanto a estas hermosas plantas, abanicos del desierto que no sé cuándo ni cómo fueron sembrados. Hace un tiempo que en vista del escaso trabajo que hay en la redacción de La Gaceta, y ante el evidente deterioro del jardín, me he ofrecido para trabajar aquí en las mañanas, hasta que aparezca un jardinero. Quito malas hierbas, podo los canteros y, sobre todo, preparo el terreno que da a la "Casa de los plásticos", una vieja casa que los pintores, grabadores y escultores han adosado a la UNEAC; un jardín con malangas, que no sé por qué se ha ido extinguiendo, une las dos casas. Aunque el estilo es vetusto, típico de La Habana de principios de siglo, ha sido remozada con gusto y aloja un taller de grabado y un salón de exposiciones. Me he empeñado en hacer un hermoso jardín en el terreno común de las dos casas, y veo que mi esfuerzo comienza a tener éxito. Pero en general, ahora el jardín todo de la UNEAC se mantiene con mi esfuerzo, pues no han logrado contratar un jardinero, aunque el corte de la hierba lo realizan regularmente dos empleados de la administración. Descubro que hacer un jardín es una obra de creación y trabajo silenciosamente, con la alegría de un artesano, sin importarme ninguna otra cosa. A ratos, los visitantes extranjeros que pasan por la UNEAC elogian la hermosura del jardín, sin sospechar que no se debe precisamente a las manos de un experto, sino a las de una escritora en funciones extraliterarias, marginada de su medio, condenada prácticamanete al ostracismo, como la historia de aquella poetisa china obligada a laborar en la cafetería de la Unión de Escritores de su país.

Junio, 1975
Hay siete lavadoras rusas para entregar esta vez. Al poeta Miguel Barnet lo acaban de nombrar de la Comisión de selección. Es la primera vez que un escritor particpa en una actividad como ésta, donde prevalecen los activistas del sindicato. Pero Miguel ha comenzado"a mejorar" de posición y no cabe dudas de que ésta es una señal.
La comisión está presidida por Esther Borroto, quien nunca me ha tenido simpatías, es dirigente del sindicato y trabaja ahora como telefonista, aunque en un principio hacía la limpieza dela UNEAC. Partidaria entusiasta de la gente con poder, ve por los ojos de Nicolás Guillén, pero se inclina por la línea dura, porque en el fondo desprecia a los intelectuales. Comunista y bruja, no deja de mirarlo todo con suspicacia: parece una estatuilla de la Costa de Marfil. En su papel de "ama de llaves" de esta mansión, conoce todos los "secretos" y se despacha a su antojo con las frutas de los árboles del jardín, arrasados como por obra de magia durante las madrugadas.
Miguel me dice que no me preocupe, que él convencerá a Esther y esta vez obtendré la lavadora rusa, que tanta falta me hace.

Agosto 1975
Me la han otorgado, pero todavía no lo puedo creer; reuno el dinero y la compro. Con la ayuda de Hubert, un amigo que maneja una motocicleta con una pequeña plataforma de carga, la hago trasladar hasta la casa. Sube los escalones como si entrase una reina por la puerta, y la instalamos en el baño, con la esperanza de que nunca nos falte el agua que necesita.


El rey desnudo


Carnet de miembro de la UNEAC, renovado a Belkis en 1976, no así a Heberto ni a Virgilio Piñera, y si mal no recuerdo tampoco a Tania Dìaz Castro, entre algunos otros.

En la redacción de La Gaceta de Cuba, el poeta Luis Marré, director de esa publicación de la Unión de Escritores, insistió una tarde de 1978 para que no dejara de participar esa noche en un homenaje que la UNEAC iba a rendir. No se trataba de un acto social -- a los que nunca iba desde nuestra detención, y en principio por solidaridad con Heberto, que había sido marginado totalmente de la vida pública--, por lo que me rogaba que hiciera acto de presencia como empleada que era de la UNEAC.
A las siete, el jardín de la Unión de Escritores estaba repleto. El acto dio comienzo cinco minutos más tarde: sentados ante una mesa alargada cubierta con mantel, sobre la hierba, se encontraban Nicolás Guilén, presidente de la UNEAC, y cinco o seis personas más. Alguien abrió el acto para presentar al coronel Fabian Escalante, jefe de la Contrainligencia cubana, quien enseguida hizo un discurso sobre la razón del homenaje: la Unión de Escritores y Artistas, señaló enfático, deseaba patentizar su agradecimiento al Departamento de Cultura de la Seguridad del Estado por su magnífico aporte a las tareas culturales y, en especial, a la colaboración sostenida a lo largo de estos años entre los escritores y ese departamento...
Cada oveja con su pareja: aquel homenaje absurdo ponía en evidencia lo que ya era un secreto a voces, que todos y cada uno de los artistas y escritores estaban siendo controlados por la policia de la Seguridad. Incluso, por supuesto, aquellos que se encontraban en franca marginación, que no pertenecían a la Unión de Escritores, y los que habían decidido abandonar el país. Pero los más controlados eran los que disfrutaban de todas las ventajas como artistas "oficiales". Todos ellos estaban siendo sometidos al humillante control personal: intrigaran o testificaran contra los demás (amigos o enemigos), unos y otros eran víctimas de la maquinaria de la Seguridad, del miedo y el bochorno. Pero como en la historia de Anderson, nadie se atrevía a señalar que el rey estaba desnudo.
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Thursday, March 27, 2008

Pasen por mi blog http://www.belkiscubanparadiseart.blogspot.com y visiten mi nueva serie ¨Printemps. Homenaje a Venus y Marte¨.


¨Flor de la Noche¨, Belkis Cuza Malé (March 23, 2008)

Friday, March 21, 2008


Heberto Padilla, Belkis y Sammy Bayer en el apartamento de la Avenida 31 A de Miramar. La Habana, 1972

Las primaveras negras de Fidel Castro

El talón de Aquiles de Fidel Castro han sido siempre la cultura, los intelectuales. Como en la fábula de Esopo sobre la lengua, resultaron para él lo mejor y lo peor. Porque la cultura y los intelectuales le dieron a la revolución de Fidel Castro un perfil internacional, una resonancia, para bien y para mal. Sin caer en cuenta, creó una revolución apoyada en los intelectuales, en el auge de la cultura. Sin ellos, la revolución cubana hubiera pérdido esa ¨magia¨que le imprimían. Cuando Castro se dio cuenta de la trampa en que había caido, era demasiado tarde. Quiso poner límites con la fracesita ¨Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada¨, pero pronto le salieron los respondones y como Seúz, la Revolución comenzó a devorar a sus propios hijos.
Hombre de gran memoria para lo que le conviene, malévolo, Castro escogió la primavera para destruir a sus opositores del campo intelectual, a los que se le enfrentan con ideas. El 20 de marzo de 1971, Heberto Padilla y yo fuimos detenidos por la Seguridad del Estado, llevados a Villamarista, y clausurado nuestro apartamento del Vedado con aquel aterrador sello que decía textualmente: ¨Los habitantes de esta morada han sido puestos a disposición del Tribunal Superior Revolucionario Número 1 de La Cabaña¨. Sí, el tribunal que fusilaba a diestra y siniestra, y precisamente ubicado en La Cabaña, hoy sitio escogido por Castro para celebrar sus ferias del libro. !Qué paradoja!
Hace cinco años, Castro volvió a dar un zarpazo al comienzo de la primavera. Detuvo a 75 opositores, entre periodistas, escritores y pacíficos disidentes políticos Al poeta Raúl Rivero, por ejemplo, hombre de nuestra generación, lo mandó a detener precisamente ese 20 de marzo. Todavía están encarceladas la mayoría de las víctimas de entonces, algunos en grave estado de salud. Pero de nuevo, le ha salido el tiro por la culata al tirano. Hoy todo el mundo habla de ¨la primavera negra¨ y, por supuesto, de las Damas de Blanco.
Les incluyo un capítulo de mi libro en preparación La buena memoria Y una foto de la época. Bueno, de 1972, junto a nuestro querido amigo Sammy Bayer, un personaje también del que hablo en mi libro.


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¨Pájaro callejero no come caramelo¨, Belkis Cuza Malé. Tempera. Elizabeth, NJ, 1979.

Un cuarto de tortura con alfombra roja

Belkis Cuza Malé


No sé el tiempo que pasé sollozando, ahogada en lágrimas, tratando de controlar a la vez mi pánico y mi vergüenza. Concentrarme en los ruidos que me llegaban del exterior era un modo de forzar que el aire entrase a mis pulmones. Haciendo un enorme esfuerzo lograba poner también atención a esos ruidos. Porque a pesar de mi espanto, el mundo seguía existiendo allá afuera, y yo trataba de escudriñar --a través de paredes infinitas-- lo que de golpe y porrazo ya parecía perdido para siempre.
¿Qué estaría sucediendo allí afuera? ¿De quiénes eran esas voces? ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba Heberto? ¿Estaría pasando por lo mismo que yo? ¿Quiénes jugaban ese partido cuyos ecos yo creía entrever o eran pura imaginación esas voces rotas? ¿Sospecharía alguien, ese señor que ahora de seguro cruzaba al otro lado la calle, lejos, que detrás de esos muros estaba encerrada una mujer, cuya peor tortura eran precisamente aquellas paredes? Una mujer inocente. ¿Pero inocente de qué? Sólo pueden proclamarse inocentes los acusados de cometer algún delito. ¿Y cuál era el mío? Ni siquiera sabía exactamente por qué estaba allí, y en mi lista personal de lo que yo consideraba un delito no existía nada de lo que pudiera inculpársenos ni a Heberto ni a mí. Pero había oído yo tantas veces aquella extraña frase --"la Revolución es fuente de derecho"--, que comencé a dudar de mi inocencia, porque para el poder revolucionario toda insubordinación puede conducir al cadalso.
Entonces no conocía, por supuesto, los comentarios de Fidel Castro a la hora de también mandarme a detener n junto a Heberto. Yo era una mujer ambiciosa, decía, que le daba cuerdas a Heberto, que lo animaba en su antagonismo a la revolución. Luego supe que eso mismo le repitió a Heberto el teniente Pedro Alvarez Lugo, nuestro interrogador en Villamarista.
Temblando, descubrí en la pared un cascarón de metal que en otro tiempo albergó un aire acondicionado, y que ahora sólo servía para cubrir el hueco de la pared de aquella desolada habitación --¿cámara de tortura o qué? --, fría como una nevera, con un escritorio sin silla por único mueble y una gruesa alfombra roja cubriendo el suelo, de pared a pared. En medio de mi terror, me llamó la atención aquella alfombra roja, tan inusita, en lugar de mosaicos.
Por las rendijas del espacio que ocupó el aire acondicionado --tapiado ahora con tablas--, los ruidos exteriores subían y bajaban de tono, como voces fantasmales. La atmósfera se enrarecía con cada minuto que pasaba. Traté sin conseguirlo de mirar al exterior. Y como alguna luz entraba por esa rendija que yo no atinaba a encontrar, pero que tamizaba la habitación, en mi desconsuelo llegué a sentirme la convalesciente de un delirio febril.
De ultratumba parecían llegar aquellas voces, que yo no sabía si las inventaba, o si realmente existían en un lugar tan siniestro como aquél, y que acentuaban mi terror a las cuatro paredes. Y con el terror crecía en mí una idea, un deseo: morir allí, en ese momento, y hacerlos sentir culpables. Mi inocencia era total. Mi muerte no les iba a dar ni frío ni calor.
Siempre me había autocatalogado de cobarde, pues estaba llena de espantos. En primer lugar hacia la muerte. En segundo, hacia la vida. En tercero, pero de seguro compartiendo también el primer lugar, el terror a las enfermedades, a los espacios cerrados, a los elevadores, al mar, a los ritos funerarios, a las alturas, a volar, a las serpientes... Y de pronto me vi arrancando un pedazo de metal oxidado de aquel cáscaron de la pared y me corté las venas, y me inundé de sangre y empecé a empapar la alfombra de aquel cuarto de tortura.


Cuando llegó el médico con otros secuaces, lo primero que hizo fue ir y sentarse en la punta del escritorio y mirarme con desprecio desde su altura. Un siquiatra de la Seguridad, como él mismo se presentó; un tipo horrendo, gordo y con cara de perro buldog resguardada por grandes espejuelos con aros de metal y cristales calobares, y un enorme y ostentoso reloj de pulsura.
Todo su corpachón gritó a los otros:
--Está histérica.
Y se fue como vino, con su séquito de amanuences en uniformes militares como él, sin hacer caso a mis súplicas, sin permitirse la bondad de escuchar a una claustrofóbica que sólo pedía un poco de aire. Porque yo repetía una y otra vez que no me cerraran la puerta con pestillo, que no pensaba escaparme. Fue inútil.
--Está histérica.
Y sentí cómo se cerraba violentamente la puerta detrás del último de ellos y le ponía llave.


Pero tuve miedo a no morir enseguida, a desangrarme, a agonizar lenta y dolorosamente de tétanos, y no llegué a cortarme las venas. Tirada en el piso, sin dejar de temblar, ahogada en lágrimas, comenzó a brotar de mi pecho una oración. Y oomo lo que más temía era perder el control absoluto, y enloquecer y que me quisieran sedar a la fuerza, traté de dominarme. Al principio creía que sería imposible pues estaba gobernada por el pánico y aquellas paredes me oprimían el pecho, se derrumbaban sobre mí. Encerrada por primera vez entre cuatro paredes, con el cerrojo echado por fuera, era lo último que podía soportar un claustrofóbico. Aire, quería aire. Temblaba de frío pero necesita respirar aire puro, que se abriera la puerta, que un viento terrible arrasara con las paredes. No quería paredes. Lo terrible era cuando me detenía a pensar en lo que estaba sucediendo. Por eso, dominar la ansiedad, que mi respiración se hiciera normal, era todo cuanto deseaba en ese momento.
Me habían quitado las pastillas para los nervios que siempre llevaba conmigo por miedo a que un ataque de pánico me azotara en plena calle. Nunca me había pasado, pero temía perder el control en cualquier momento, y que me gobernasen los pensamientos obsesivos sobre la muerte y las enfermedades, y se desatase dentro de mí ese animal salvaje que dominaba la mente con sus ataques de pánico. Hubiera podido ocurrir en cualquier instante en plena calle. Con los nervios destrozados y acompañada siempre de una angustia muy grande, aún sin parecerlo a simple vista, yo era entonces una enferma que necesitaba con carácter preventivo esas píldoras, mi muletilla, para sentirme "segura" en un medio tan inseguro como el que vivía.
Y de pronto, me habían despojado de mis pastillas. Diazepan y Trifluoperazine, que era lo que siempre llevaba conmigo,como amuletos contra la claustrofobía, contra el horror de mirar la vida desde el ruedo. Si alguna vez me sentía muy nerviosa, tomaba la ridícula dosis de un cuarto de pastilla, no más, porque también entre mis obsesiones estaba la de morir por exceso de medicinas o porque sencillamente tuviese una reacción alérgica, como la fatal que dicen producía aquella pastilla rosada de Marplam, si se tomaba al mismo tiempo que yogurt.
Rezaba apoyándome en la oración para dejar que el poco aire que tomaba fuera llenándome de una energía casi divina. El prana alojándose en mi sangre y en mis huesos. Lo hacía como el que repite un mantra, sin pensar en las palabras, sólo en el sonido que producen. Una oración repetida mil veces, alejando los malos pensamientos, la ansiedad , la desesperación, el miedo. Bloqueando la realidad.
Y entonces, del modo más inesperado, descubrí que aquellas cuatro paredes se ensanchaban, iban creciendo y creciendo, como si fueran elásticas. Y aún teniendo el mismo tamaño eran sin embargo de otra dimensión, una dimensión física, cuántica.
Comencé a imaginar que el mundo fuera de mí no existía, que mi soledad era mía, que no tenía nada que temer porque el mundo era del tamano de la horrible habitación , y yo, un ser libre, libre dentro de aquel espacio infinito que me pertenecía por completo.
Y entonces inicié la operación a la inversa: comencé a achicar el mundo, a acortarlo, y fue haciéndose cada más pequeño, mínimo, hasta que sólo tuvo el tamaño del espacio que ocupaba mi cuerpo. Enseguida me sentí relajada y segura, dueña de mí. Había vencido la claustrofobia. Habitaba yo a la sombra del Altísimo, como dice el Salmista.
Volvió a abrise la puerta para dar paso ahora al mismo oficial que estaba de guardia en la carpeta cuando me trajeron a la Seguridad. Traía en la mano una pastilla casi del tamaño de una hostia. Quería que me la tragase como fuera. Me negué, y le exigí que me devolviera las mías, las que habían confiscado junto con mi cartera. Se negó, y con voz descompuesta gritó aquel "Peor para ti".
Pero ya yo no necesitaba pastillas. Así que no me importó cuando, viendo mi resistencia, se marchó cerrando con violencia la puerta. Esta vez no sentí miedo cuando corrió el pestillo.
No había transcurrido mucho tiempo, quizás unos quince minutos, cuando volvió a oirse que descorrían el cerrojo, y por la puerta entreabierta asomó la cabeza gris un oficial viejo, quien en tono estricto pero amable me preguntó si tenía frío. De sobra sabía él que aquel cuarto de tortura, con alfombra roja, seguro que para disimular la sangre de sus victimas, estaba helado.
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Saturday, March 15, 2008


Anoche fueron presentados en París los libros Después de Giselle, de Isis Wirth, y mi libro La otra mejilla. Aquí les pongo el video que hizo para Telebemba, Ricardo Vega.

Gracias a la incansable y querida amiga Zoé Valdés, por haber publicado mi libro en sus hermosas ediciones Lunáticas ZV.
Visiten el blog de Zoé para más detalles y porque siempre, a diario, trae algo nuevo y maravilloso que leer.


www.zoevaldes.skyrock.com




Online Videos by Veoh.com


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Wednesday, March 12, 2008


La revista digital La Peregrina Magazine, que dirige Karin Aldrey, tiene un nuevo número circulando y además me hace un homenaje que mucho me honra porque viene de esta amiga y gran pintora y diseñadora. Y muy en especial, le agradezco de corazón a mis queridos amigos Maya Islas, Rene Abella, David Lago, Tania Diaz Castro, Raúl Rivero, Feliz José Hernández y la propia Karin, los poemas y artículos que me dedican. Muy emocionante saber que tenemos seres buenos alrededor que nos quieren y que aprecian nuestra obra. Además todo el número está precioso, digno de verse y leerse. No se lo pierdan. Es un esfuerzo colosal de esa gran artista que es Karin Aldrey.

Entren a La Peregrina aqui

www.LaPeregrinaMagazine.com

y aquí directamente al homenaje y dosier:

http://laperegrinamagazine.com/Belkis_Cuza_Male_Homenaje_Mujer.html

Saturday, February 23, 2008

AN INTERVIEW WITH ERNESTO PADILLA IN CIGAR AFICIONADO

Read in An Interview with Ernesto Padilla about his father, Padilla Cigars, and its new rating in Cigar Aficionado (93 points).



Lea la entrevista en http://www.lacasaazulcubana.blogspot.com



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Tuesday, January 22, 2008


La otra mejilla, mi nuevo libro de poemas, publicado por Ediciones ZV Lunáticas.

Dice Zoé Valdés en su blog:
http://zoevaldes.skyrock.com/1.html

Raúl Rivero en El Mundo, España, sobre La otra Mejilla de Belkis Cuza Malé.

Raúl Rivero escribe esta bella crónica en El Mundo, España, y dedica una parte al poemario La Otra Mejilla de Belkis Cuza Malé (Ediciones ZV Lunáticas, diciembre 2007). El libro se puede adquirir enviando un pedido a lunaticas@wanadoo.fr. El precio es de 16 euros. La portada e ilustraciones interiores ha sido pintadas y dibujadas por Belkis Cuza Malé.

CULTURA


La calumnia no perdona

En la portada del libro hay una flor acorazada, azul añil y dispareja. Se quiere salir de un búcaro que parece una jota grávida. La pintó Belkis Cuza Malé (Santiago de Cuba, 1942) y le ha pedido a la colección Lunáticas ZV que la ponga a la entrada de los poemas que reúne ahora bajo el título de La otra mejilla.

La edición es una joya y los poemas son buenos y están heridos. Es la poesía fuerte y cuidada que viene desde los primeros libros de la escritora. Los versos comunicativos y hondos de Tiempos de sol, Cartas a Ana Frank y Juego de damas, pero que en esta colección de 76 páginas a mí se me aparecen a veces desconsolados, presos en unos espejos que alguien ha roto.

La otra mejilla está ahí, descubierta, indefensa, dispuesta para el azote inminente de la mano visible y conocida del verdugo. Y está también el dolor del primer golpe, que se puede ver o presentir en el recorrido por los poemas.

Creo que es un libro importante en el desarrollo de la obra de Belkis Cuza Malé. Lo es porque se trata de un inventario de los años vividos, un recuento en el que pueden verse todavía algunas interrogantes, etapas y sucesos de los que casi no se sabe nada. Hay, además, un banderín con demasiadas franjas oscuras y una buena porción de flechas rotas.

Es un conjunto de crónicas hechas con la caja de herramientas de la poesía. Cuando se hace ese ejercicio, los episodios y sus piezas cortantes se sumergen y desaparecen. Lo que queda tendido en las líneas de versos son los sentimientos.

Grace Piney Roche, en su nota de presentación, lo dice de otra manera después de haber tratado de hallar alegría a toda costa en el cuaderno: «La poetisa saca a pasear a la melancolía, como a la angustia y a la nostalgia, con sus respectivas cargas de ambigüedad y también de desasosiego».

La escritora, que salió de su país en 1979, dirige la revista Linden Line Magazine y La Casa Azul, un centro cultural y galería de arte en Forth Worth, Texas, que es el lugar donde reside, pinta, escribe y trabaja como consejera espiritual.

Ella fue arrestada y sometida a interrogatorios por la policía política en 1971, acusada de incitar a su esposo a realizar actividades contrarrevolucionarias. En ese momento estaba casada con el poeta Heberto Padilla, protagonista de la primera gran ruptura de los intelectuales con el régimen a raíz de la publicación de su libro Fuera del Juego. Padilla murió en Alabama, Estados Unidos, en el otoño de 2000.

Después de estas dos notas de muertes y tristezas hay que terminar con estos versos del cuaderno de Belkis: «Los espejos, ¿quién rompió los espejos?/ ¿quién hizo trizas la noche y arrastró/ la memoria como un disco de fonógrafo/ y se cosió un uniforme/ y al cinto una pistola?».


# Posted on Saturday, 19 January 2008 at 12:57 Edited on Saturday, 19 January 2008 at 13:54
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Nota: La otra mejilla puede ser adquirida enviando money order internacional en dólares USA, por la cantidad de $16 a nombre de Lunaticas Prod. Para informes, escribir a lunaticas@wanadoo.fr

Saturday, December 22, 2007

Nuevo número de Linden Lane Magazine,
en homenaje a
Eduardo Michaelsen

Ilustran también el número el pintor y escultor Felipe Jiménez y el fotógrafo Pedro Portal.
Y la colaboración de destacados escritores cubanos.


Para suscripciones envíe un email a
lindenlanemag@Aol.com

Monday, September 24, 2007

La Guardia, New York, marzo 17 de 1980: Ernesto Padilla, Belkis y Heberto, en la conferencia de prensa dada por el Senador Edward Kennedy a la llegada del poeta de Fuera del juego a Estados Unidos.

Heberto Padilla, el I Ching y el 2000

BELKIS CUZA MALE


A principios de 1972, nuestro amigo Alberto Mora, comandante y ex Ministro de Comercio Exterior de Cuba --difícil de ubicar en medio de una revolución de la que él habìa formado parte-- llegó a casa acompañado de su amigo Benigno Regueira (también ex Vice Ministro de Comercio Exterior), y un libro, el I Ching, recien editado por la Editorial Seix Barral, en España. Parecía verdaramente animado y quería compartir con nosotros ese tesoro que es el I Ching. Sin pérdida de tiempo abrió el libro y nos propuso leernos nuestro futuro. Sacando unas extrañas monedas de un bolsillo de su camisa comenzó a mirar en nuestro destino.

No nos sorprendió con el hallazgo de la primera parte de su lectura: el destino de Heberto y el mío corrían parejos, pero llegado a cierto punto, "algo", muchos años después, nos haría tomar senderos distintos. El de nuestro amigo Alberto, en cambio, aparecía envuelto en nubes grises y ni siquiera se atrevió a comentar los detalles. Dijo tan sólo que no era bueno. Y no lo fue: el 13 de septiembre de ese año se pegaría un tiro.

Aquel otro manual de numerología que Mercita Borrero me había prestado, señalaba también en 1975 ya algo definitivo: el 2000 traería una ruptura o cambio importante en la vida de Heberto.

Se acercaba la fecha de la Virgen de las Mercedes, cuando en 1978 fui a visitar la antigua Iglesia de la Merced, en La Habana Vieja. Las sombras y el silencio ocupaban todo el sitio, especialmente el de aquella antiquísima capilla entre rejas donde se alzaba un pequeño pedestal con su imagen. No sé de dónde salió la voz, pero levanté la vista y la vi allí, susurrando su mensaje: "Pídele, niña, pídele, que ella es la que abre las puertas de la cárcel". Luego me comentó que había estado presa y venía siempre a rezarle a la Vírgen. Y sí, no sólo le pedí a la Vírgen de las Mercedes que nos abriera las puertas de esa cárcel que era para nosotros Cuba, sino que fui y pedí una misa con esa intención a mi nombre, para el ya cercano día de las Mercedes, el 24 de Septiembre de 1978.

Esta foto que ven aqui, fue tomada el 17 de marzo de 1980, a la llegada de Heberto Padilla al aeropuerto neoyorquino La Guardia, tras haber sido autorizado por Fidel Castro a abandonar el país. Apenas hacìa un año que yo había llegado a Estados Unidos, acompañada de mi hijo Ernesto, entonces con sólo 6 años. En la Isla quedadan Heberto, y mi hija María Josefina, con sólo 13 años.

Junto a Heberto --pero no aparece en esta foto--, estaba el Senador Edward Kennedy, quien realizó las gestiones ante el gobierno cubano y quien logró la salida de Heberto, tras gestiones del escritor Bernard Malamud y del editor Bob Silvers. El senador Kennedy, entonces aspirante a la Presidencia, envió a Montreal a su asistente personal Jan Kalinski a darle la bienvenida a Heberto y acompañarlo en su viaje a New York, donde Kennedy celebraría una rueda de prensa, informando de las gestiones que se llevaron a cabo con el gobierno cubano.

El 20 de mayo de 1983, el Presidente Ronald Reagan, en una discurso en Miami, destacaría las palabras de Heberto Padilla sobre la libertad. Este fue el comentario de Reagan:
"In 1980, a Cuban scholar named Heberto Padilla came to the United States after spending 20 years under Castro. He marveled at what he saw, something that he hadn't even noticed during his visit here 20 years ago. When visiting the campuses of our major universities, he said: " I am struck by something that will be obvious to all Americans: no one government official or colleague, has asked me what I was going to say in the seminars and courses that I'am going to give this fall. This is new for me. Simple, but true. It is difficult to ask anyone born into freedom to realize exactly what she or he possesses."
Well, Mr Padilla went on to explain that freedom is invisible. It is the absence of the government censor, the absent of the secret police, the absent of an agent of repression." **

Hoy se cumplen siete años de la muerte de Heberto Padilla. El 24 de Septiembre de 2000, día de la Vírgen de las Mercedes --¡qué coincidencia!--, se iría para siempre. Estaba solo en Alabama, enfermo e intentando inutilmente tomar control de su vida. Me había prometido que sólo enseñaría hasta diciembre en Auburn University. Quería descansar y emprender otra vida aquí en Texas. No pudo ser: lo dijo la lectura del I Ching que nos hizo nuestro amigo Alberto Mora, y también aquel manual de numerología que ya entonces señala el 2000 como año crítico, decisivo, en su vida. Y no, no debe ser una coincidencia la fecha escogida por Dios para que se abrieran las puertas de esa prisión que de algún modo también es nuestro cuerpo físico.

El autor de Fuera del juego, tan vilipendiado por la tiranía, y por otros no menos repugnantes, decansa en paz ahora. Vive, que otra cosa no es el morir, porque el alma nunca muere.

** *Cuban Independent Day Remarks at a Cuban American National Foundation function in Miami, Florida . Dade County Auditorium . May 20, 1983

REAGAN ON CUBAN. SELECTED STATEMENTS BY THE PRESIDENT. THE CUBAN AMERICAN NATIONAL FOUNDATION, 1984.

Saturday, September 22, 2007


Tania Díaz Castro, poeta y mujer única
BELKIS CUZA MALE
Foto: Tania con sus hijas Gretel y Maria del Carmen y el esposo de esta. La Habana, 1991
Para escribir sobre ella, he vuelto a leer sus poemas, los de ahora y los de antes. Los que ha ido sembrando en el camino de su accidentada vida. No puedo ubicarla ni aquí ni allá, porque ha cambiado de casa como de vestidos. Pero tengo sus fotos, y sus textos, que a veces me llegan como chispas de luz quemándose en la hoguera. En esa hoguera que se ha llamado la revolución cubana, y que a ella en particular le ha costado casi la vida. Dos años de cárcel no son poca cosa en una prisión cubana, y para colmo de males, el descrédito y las calumnias que la dictadura no se ha cansado de propagar contra ella.
Estoy hablando de esa excelente periodista y poeta llamada Tania Díaz Castro --nacida en 1939 en Camajuaní, en la antigua provincia cubana de Las Villas--, de quien el destino (o el karma) nos hizo amigas. ¿Que cuándo la conocí? ¿Cómo recordarlo, si parecería que nos hemos visto toda una vida?
De su labor como periodista conservo la imagen de la época en que trabajaba en la revista Bohemia, en los años sesenta y pico y setenta, hasta que se fue de allí o la echaron. También de su vida de poeta tengo innumerables recuerdos, cuando solía reunirnos en algunos de esos apartamentos en los que vivió en La Habana, y donde disfrutábamos del esplendor de ''los manjares'' que entonces eran imposibles de soñar, si no hubiera sido por el amigo Kano, el japonés amable y generoso que traía junto con los víveres la amistad. Era la época en que Tania había sufrido una agradable metamorfosis: su espíritu se trasformó como por obra y magia de la cultura japonesa. Había regresado de un rápido viaje al Japón, a donde fue a residir con aquel otro japonés, a quien apenas recuerdo y con el que estuvo casada un año.
Fue una época maravillosa para ella, en la que Tania se despojó de lo superfluo, y dejó su apartamento en el hueso: puros libros y algunos cuadros y mucho ambiente japonés por todos los rincones, lo que equivale a decir, blancura, simplicidad y extrema limpieza y nada de abigarramiento. La sencillez del alma. A esa pureza se afilió Tania entonces, y leyó toda la literatura japonesa que pudo y nos hizo también leerla a nosotros, sus amigos, pues su entusiasmo desbordaba las tardes de tertulia habanera en su apartamento. Esa influencia japonesa dejó una impronta eterna en su poesía.
Atrás quedaban la Tania que aullaba como loba herida en ese ya clásico libro que es Todos me van a tener que oír, y que Linden Lane Press publicó en 1989 --en edición que reproducía la original habanera de 1970, ahora con traducción al inglés de los poetas Carolina Hospital y Pablo Medina--, a raíz de los sucesos que la llevaron a la cárcel en Cuba entre 1988-89, acusada de ''insultar y desobedecer a las autoridades'', aunque en realidad se le condenó por su activismo en pro de los derechos humanos.
Tras salir de la cárcel, Tania funda, junto a Ricardo Bofill, el Partido de los Derechos Humanos, y en marzo de 1990 es arrestada y acusada de nuevo, junto con otros miembros del partido, de ''rebelión''. En julio de ese mismo año, y tras presiones de la Seguridad del Estado, es obligada a declarar en la televisión en contra de ella misma y de otros. Por supuesto, ya hemos vivido demasiado el totalitarismo marxista y sus prácticas de procesos judiciales idénticos, como los terribles ''procesos de Moscú'', para que alguien pudiera dudar de que aquellas farsas eran calcos monstruosos.
Mientras giran las hojas del arce, publicado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 1998, es sin duda un libro único en la literatura cubana, pues desde las ''japonerías'' de Julián del Casal, ningún escritor cubano se había asomado a la cultura nipona. Este es también un libro de ruptura en la obra de Tania, al abordar una poesía realmente tocada por la sencillez y el susurro de lo japonés, y que nos sumerge de principio a fin en el paisaje humano de su experiencia en ese país.
Al final de los 34 poemas del libro uno desearía no regresar de este viaje sentimental que compartimos con la autora mientras disfrutamos de su lectura.
Han pasado los años, y Tania sigue allá, esperando, me dice. Está sola en La Habana, sus hijos todos se han marchado. Sigue rodeada de sus queridos perritos, de sus cosas, de sus recuerdos. Ha permutado de vivienda sabrá Dios cuántas veces, y hasta ha tenido el privilegio espiritual de habitar por un tiempo el caserón de Mercita Borrero y el pintor Loy, allá en la calle de San Francisco. Sigue haciendo gran periodismo independiente para la agencia Cubanet de Miami, y no me canso de admirarla. Alamar, donde ahora reside, no es su paisaje natural. Yo la ubico en plena Habana, agitada, valiente, lenguaraz, poniendo los puntos sobre las íes, tirando a la basura las experiencias amargas de la vida.
Imposible no llorar con algunos de sus poemas. O debe ser porque he compartido con ella esas mismas experiencias, familias, amigos, seres inolvidables como Mercita Borrero y la memoria de Juana, poeta y pintora del alma, que también propició nuestra amistad.
Años en los que Tania Díaz Castro era la poeta que lo arriesgaba todo por amor, en los que quemaba pronto las etapas y abría una nueva página de su destino personal. Años en los que La Habana iba desapareciendo lentamente y ella iba reconstruyéndola con su sagaz y valiente prosa periodística. Años en que no ha dejado de amar y de escribir, y de soñar con el renacer de la isla.
¡Qué extraño que las editoriales españolas no publiquen la obra de esta excelente poeta, ahora que están de moda los escritores que viven en la isla! Allí está ella, en medio del oleaje sin fin de esta isla que parecería devorar los sueños de sus habitantes. Pero no el de Tania Díaz Castro.•
Publicado en El Nuevo Herald (Artes y Letras), domingo 16 de septiembre de 2007

Monday, July 30, 2007

En defensa de Heberto Padilla / Belkis Cuza Male
"Flor del alma", Belkis Cuza Male

Por favor, visiten el blog de La Casa Azul, Centro Cultural Cubano Heberto Padilla. Alli podran leer los articulos recientes en defensa de Heberto Padilla y Belkis Cuza Male, tras la controversia generada por un articulo de
Soria de Cuba (ay, olvide su nombre, o sera "sorry de Cuba"?. Hagan click en www.lacasaazulcubana.blogspot.com

y lean las respuestas de

Jorge a Pomar

Karin Aldrey

Roberto Luque Escalona

Vicente Echerri

y Nicasio Silverio

A ellos y a los otros amigos, gracias de corazon, de parte de La Casa Azul y de todos los que honramos la memoria de Heberto Padilla.

Y visiten mis otros blogs, cuando les sobre el tiempo:




Gracias y bendiciones,

Belkis Cuza Male
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Sunday, July 15, 2007



Leopoldo Avila en Miami

Belkis Cuza Malé



De izquierda a derecha: Luis Rogelio Nogueras, Jose Lezama Lima y Heberto Padilla, en un cafe al aire libre en El Prado. La Habana, 1966. Foto Chinolope.


Para los que no lo recuerden, Leopoldo Avila es el seudónimo tras el cual se escondía un personaje siniestro que a principios de los años setenta escribió en la revista Verde Olivo, órgano oficial de las Fuerzas Armadas de Cuba, los artículos más miserables que se recuerden contra los intelectuales. Un día en la Biblioteca Nacional, el historiador santiaguero Jorge Ibarra prometió decirme quién era en realidad Leopoldo Avila. Nunca lo hizo, y era explicable dado sus vínculos con el ejército.


El lenguaje canallezco de Leopoldo Avila es recordado hoy dìa, incluso entre los escritores castristas, como un ejemplo de lo que no puede repetirse. Este personajillo siniestro que algunos creen era el propio Luis Pavón, presidiendo entonces el Consejo Nacional de Cultura; otros, el profesor y ensayista José Antonio Portuondo, y otros, el propio Lisandro Otero, periodista y novelista --que gustaba contar la anécdota del trompón que le propinó Ernest Hemingway en el Floridita habanero, allá por los finales de los cincuenta--, sigue siendo un misterio, aunque ha pasado ya a la historia de la infamia.


Pero de ese Leopoldo Avila no quiero hablar, sino de éste que nos ocupa hoy, que parece haber aterrizado en Miami. El exilio ha sido desde sus comienzos una estructura endeble, como un edificio compuesto de muchas capas --que van desde lo social a lo idelógico. Un exilio que ha ido acogiendo a todos por igual, que ha visto traiciones de ambas partes, entre los que llegaron primero y los que van llegando con las nuevas oleadas. Un cambia casacas constante, que ha atravesado severas crisis y que en muchas ocasiones ha costado más que mutuos insultos. Quiero referirme a esos "sesudos" cachorros del castrismo llegados al exilio en la última década. Y no importa si son "jovenes", pero odian también al tirano. La mayoría posee un amplio curriculum, han estudiado en las universidades, han viajado al extranjero, han hecho casi lo que les ha dado la gana en la Cuba post muro de Berlin. Casi todos son ensayistas y algunos incursionan en la prosa y hasta en la poesía. Muchos son políglotas, han estudiado en los antiguos países socialistas y e incluso los hay hijos de altos jerarcas del régimen o que estuvieron ligados a la nomenclatura. El sueño ya no es mantenerse en el "exilio de terciopelo" --alejados del mundanal ruido de Hialeah--, sino precisamente ser rompe olas, quinta columnistas dentro del esquema del exilio intelectual. Llegar e imponer virtudes y defectos de una generación crecida al amparo del Ministerio de Cultura de Abel Prieto. Creerse que se las saben todas, como se dice en la Isla. Estar más allá del bien y el mal, dinamitar todo lo que huela a república, y a escritor exiliado, escribir contra ellos, pero nunca contra los escritores oficiales de la isla. Estos personajillos se dedican a interpretar a Cuba como si se tratase de desmontar una obra literaria, y para esto, hacen acopio de un lenguage enrevesado, de críticos ganados por cierta sofisticación europea; todos escribiendo con la misma verborrea de los burócratas del pensamiento marxista pasado por no se sabe cuantas capillitas de desafectos. No hay quien los descifre. La escritura de ellos es lenguaje de entendidos, es decir, se leen los unos a los otros, publican sus libros (que sólo ellos leen entre sí), y suelen agruparse en sus madrigueras del internet. Eso sí, como decía aquel caricaturista cubano en los pasillos de la Unión de Escritores de Cuba, allá por los setenta: "siempre con el poder, pero haciendo bajezas".


Un tal Pablo de Cuba Soria, con rimbombante nombre, que lo marca ya con mediocre oportunismo, acaba de escribir en El Nuevo Herald (sección Arte y literaratura, julio 8) un artículo contra Heberto Padilla, como poeta y como ser humano. Este Leopoldo Avila, recien llegado al exilio en 2004, es sin duda un claro exponente de todo lo que acabo de decir. Hay que tener la cara de piedra y el corazón lleno de lodo para escribir como lo hace este personaje sin autoridad literaria, un crítico de caricatura, ensayando no sus "quince minutos" de fama, como dice cuando se refiere a Heberto, sino su medio segundo de estupidez. Olvidar el papel protagónico de Heberto en un momento en que todos los intelectuales inclinaban sus cabezas y aplaudían al déspota es sin duda el sueno dorado de la Seguridad del Estado castrista. Olvidar que fue él y no otro, quien le puso el cascabel al gato, parece encomienda de alguien más. Pero hay que reirse si a esto añadimos el atrevimiento de este "enayista" al escribir un "sesudo" artículo diciendo que Heberto Padilla es un poeta menor.
Precisamente es Heberto Padilla quien, con su extraordinario decir, irrumpe con una poesía nueva, fresca, única, capaz de hacer del lenguaje sucio y gastado de la retórica revolucionaria, un verso no esperado en la lengua castellana, tan dada a ratos a los excesos.


Ese artículo del señor Cuba de Soria --sin ton ni son-- sólo puede servir a los intereses de un anti exilio, de una revolución que boquea al igual que su comandante. "¿Contra quién va dirigido ese insulto?", diré parafraseando al propio Heberto, con su típica ironía. Habría que preguntarse si este Leopoldo Avila de pacotilla tiene maestros y seguidores en el exilio. Y también si tiene madre.
BelkisBellAol.com

Sunday, May 13, 2007


Nuevo numero de Linden Lane Magazine.
Los que deseen recibir una copia impresa de LLM, deberan enviar cheque o money order por la cantidad de $5.00 a
Linden Lane Magazine
P.O. Box 101582
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Tambien puede ser consultada la edicion digital en nuestra web side:
(haga click en Linden Lane Magazine)

Monday, May 07, 2007


Mi vida como consejera espiritual



Belkis Cuza Malé



Anoche leí una de las dos "obritas" teatrales de Cho Seung-Hui, el estudiante del Instituto Virginia Tech que cometió él solo la peor masacre de todos los tiempos en un recinto estudiantil y quizás en la historia de este país. A través de la lectura de esas diez páginas, el asesino en serie nos ofrece su campo visual y va creando un paisaje de violencia inusitada, sobre el que caen como telón de fondo las energías infernales de su alma. ¿Nació este joven perturbado por sus genes, lo transformó la vida familiar, el ambiente que lo rodeaba, o venía su alma de un largo peregrinaje en las tinieblas? Ese, mis queridos lectores, es análisis que da razón de ser a una pràctica profesional que ejerzo desde hace años, la de consejera espiritual, además de la de escritora y artista. Si usted puede explicarme cómo funciona un teléfono, cómo aparece la imagen en la televisión, cómo oimos la voz en la radio, o son posibles los satélites, la computadora,los radares, o el milagro de captar una imagen en una fotografía, o grabar la voz de alguien, entonces quizás usted tenga una respuesta para definir eso que todavía algunos menosprecian y juzgan mal: la labor en el campo espiritual, el poder de la fe, de la oración, del pensamiento, de la palabra, de los sueños, de la visualización. Todos, ciencia del alma y de algo tan "mágico" como la física cuántica.

Hace unos meses, escribì un artículo sobre "The Secret", el documental que resume lo que Dios nos ha ofrecido desde que creó el universo: el poder que yace en nosotros mismos, Ahora ese "secreto" parece haber alcanzado dimensiones de best seller y despertado la mente dormida de muchos. Cada uno de los que participan en el documental gozan de merecida reputación como consejeros o maestros en los diversos campos de lo espiritual. Gracias a ellos, que han servido para taparle la boca a unos cuantos, cada día se hace más clara la necesidad de buscar ayuda en campos que hasta ahora se mantenían confinados a la vulgar definición de superchería. Jesucristo, el hijo de Dios, es sin duda el más extraordinario maestro de la ciencia del alma, como yo le llamo a los caminos espirituales. Nadie puede dudar de esto si lee con atención los Evangelios. Si nuestra fe es igual a un grano de mostaza, dice, podemos mover montañas. Y sí, esto es lo que explica la física cuántica, y los estudios de la energía. Somos energía y vivimos dentro de una energia divina que es susceptible de ser transformada si somos capaces de aquietar nuestra mente y visualizar, creando esta realidad que vemos como nuestro entorno. Hasta los dientes pueden crecer, se afirma, con la fe y la visualización. Dios hizo al universo con su palabra y esa palabra que hizo la luz y las tinieblas es también el arma "mágica" de que todos disponemos. Dios está en nosotros, fuimos creados a su imagen y semejanza, somos parte de la energía que nos engendró. El cielo y la tierra, y el paisaje, están dentro de nosotros. Morimos en la cruz con Jesús, y resucitamos con EL. He ahí la gran verdad, el gran milagro. Esto no es una cosa del pasado, sino de todos los días. A través de las llagas de Cristo hemos sido sanados. He aquí la física cuántica en su más hermosa definición.

Un día, con apenas nueve años, mi madre visitó a una espiritista en Guantànamo. Aunque no era ella dada a estas cosas, recuerdo que la acompañé a la consulta de aquella señora de aspecto nada extraordinario --una mulata clara de unos cuarenta años--, quien fijando la vista en mí, le dijo a mi madre: "Esta niña tiene gran mediounidad, pero además le recomiendo que le dé semillas de calabaza para curarle los parásitos". Si, ésa fue de seguro mi iniciación en lo que luego se convertiría en hacer importante de mi vida. Fíjense que aquella "espiritista" le habló a mi madre también de los parásitos que veía en mí, recomendándole acertadamente las semillas de calabaza. De seguro esta señora no habìa estudiado mucho, pero su conocimiento le llegaba a través de la lectura espiritual de mi campo energético. Ella sabía, con sólo mirarme, qué estaba pasando en mi cuerpo y en mi alma. Aquí en Fort Worth, Texas, donde resido, mis clientes llaman o tocan a mi puerta cuando me necesitan, o como diríamos en Cuba, "cuando les aprieta el zapato". Muchos se han convertido en mis amigos, otros viajan desde lejanas ciudades, como Michigan, o Houston, o hasta de México, para "consultarme". Sí, la mayoría no viene para conocer su "futuro", porque éste no existe más que en el presente, como les explico, sino para buscar orientación espiritual, para encontrar a Dios en medio de sus vidas llenas de problemas, para recibir una "limpia" espiritual, o aliviar sus nervios a travès del hipnotismo o la descarga de energías sobre ellos. Hace mucho también que consulto por teléfono, e incluso a través de la computadora, y realizo trabajos de hipnosis sin necesidad de que vengan a mi consulta. ¿Es esto posible? Absolutamente. Y de igual modo lo son las curaciones producto de la fuerza de la fe que se asienta en Cristo.

Escribo este artículo para reivindicar una profesión que sin duda merece ser evaluada con respeto. En una sociedad donde ya ni doctores ni sacerdotes visitan a sus enfermos, una consultante espiritual como yo recibe llamadas desesperadas a cualquiera hora del día y la madrugada, y se acerca a los lechos de los moribundos para orar por ellos.

¿Me necesita usted, querido lector?

BelkisBelll@Aol.com


Tuesday, March 20, 2007

Fuera del juego

















(Respuesta a "Encuentro")

Belkis Cuza Malé

En la foto: Ernesto Padilla, Belkis, Heberto y Giselle Padilla, NY, 1980

La nota aclaratoria de Encuentro en la Red sobre por qué no publicaron mi artículo "Guayabitos en la azotea", evidencia a simple vista que se esta obviando la verdadera respuesta. En mi posterior artículo "¿Censura en Encuentro?" yo expreso muy claramente lo que no tiene otra interpretación: Encuentro no es precisamente un "encuentro de las dos orillas". La cultura del exilio es un plato de segunda mesa en ambas vertientes de Encuentro. La promocion a los actos culturales del gobierno cubano, a sus instituciones y sitios de internet es óbvia.
Los escritores y artistas promovidos por Encuentro son lo que son, no los marginados por la cultura oficialista, ni a los que se les escluye de la UNEAC o La Casa de las Americas. Los homenajes van y vienen como si se trataran de grandes escritores fallecidos, cuando en realidad en su gran mayoría son figurones turbios que viven publicando, paseando y comiendo mientras el pueblo de Cuba sufre hambre y represión.


Dos Premios Casa de las Americas y todos esos viajes, y la existencia misma de esa "azotea" es de por sí una imputacion. No soy yo la que acusa, son los propios hechos. Allí en Cuba todos los escritores oficiales colaboran con la Seguridad del Estado. Y punto.


Es óbvio que la línea editorial de ambas Encuentro no deja margen mas que a la imaginación. Y es una pena, porque la cultura y los escritores y artistas cubanos en su gran mayoría hemos sufrido y padecido el peso de la bota castrista sobre nosotros por casi cincuenta años. Al cabo del tiempo, lo que se premia y homenajea y se promueve es la doble moral, el tira y encoge de los que allá viven amparados bajo el paraguas de Abel Prieto y sus comisarios. Y, créanme, la tiranía paga bien: con viajes, libros publicados, premios, y privilegios. Eso tambien tiene un precio. No importa, muchos están dispuestos a pagarlo. Si hasta tienen a Encuentro para justificarlos y presentarlos como grandes escritores "haciendo patria".


En fin, no sé cómo Encuentro puede acusarme a mí de falta de ética, cuando ellos en el supuesto número homenaje a Heberto Padilla me llaman ladrona y reproducen unas supuestas memorias inéditas (inventadas) de Heberto, memorias que nunca escribió. No ya que no me hayan incluido en dicho "homenaje" (que es de por si una hijeputada), sino todo el odio contra él y contra mí que emana de ese asqueroso número.


No, no van a contestar a mi articulo "¿Censura en Encuentro?" porque no tienen modo de justificar lo que sólo tiene una explicacion: sí, censuran, marginan, soslayan y mienten.

Nota: Hoy 20 de marzo, se cumplen 36 anos de la detencion de Heberto Padilla y yo en La Habana (20 de marzo de 1971), lo que daria comienzo a lo que se conoce como "el caso Padilla". Sean estas lineas de homenaje y desagravio a Heberto. Que en paz descanse, y que su memoria no continue siendo ultrajada.

www.lacasaazulcubana.blogspot.com
www.belkiscubanparadiseart.blogspot.com
www.elvisjohnsmith.blogspot.com

Tuesday, March 06, 2007


Belkis, haciendo la presentacion de Heberto Padilla en La Casa Azul, Fort Worth, Tx, agosto de 2000. Esta seria la ultima conferencia de Heberto, quien moriria el 24 de septiembre de 2000.



Heberto Padilla, en uno de los almuerzos ofrecidos por Linden Lane Magazine en el restaurante Versalles, de Miami, en 1997

¿Censura en "Encuentro"


Belkis Cuza Malé
Han pasado los años y no he dicho nada. Me he mantenido callada, en principio por aquello de no darle "armas al enemigo", como suelen repetir los oficiosos de Cuba. De este modo, he soportado injurias y atropellos --y no estoy hablando de las que vienen del gobierno de Cuba-- sino de un lugar tan cercano como el "exilio", y en particular por parte de la Revista Encuentro y su subsidiaria, Encuentro en la Red, que como todos saben se publica en España, y pretende ser vocero oficial de "las dos orillas". No hablo desde el resentimiento ni de la envidia, que lejos estoy de querer estar donde no me sentiría nunca cómoda ni querida. Pero como vine a este país en busca de la libertad que me negaba el mío de orígen y durante casi tres décadas he dedicado mi existencia y energías a promover la cultura cubana en el exilio, creo necesario ahora, que se debate en Cuba el tema de la censura y sus oprobios, decir por las claras lo que a ojos vista es también resultado de lo mismo, pero aquí.
Desde que Jesús Díaz (que en paz descanse) inició en 1998 su revista Encuentro, la cultura en el exilio tomó un rumbo distinto. Muchos saludaron esperanzados lo que a todas luces era un proyecto vital, y muchos pasaron por alto el pérfil político de su director; su historial de militante comunista en activo; su obra misma, plagada de lugares comunes y ataques al exilio, para darse la mano con quien había logrado conseguir dólares y apoyo de varios sitios y así permitirse el lujo de estar en la lista de los privilegiados. Era un modo de rozar sus nombres con las nuevas generaciones que desde la Isla, ansiosos de servir a dos amos, veían con buenos ojos este aparente maridaje de ideologías y sancochos.
Jesús Díaz murió -- o hay quien dice que lo mataron--, pero lo cierto es que antes de irse de este mundo se las ingenió para continuar lo que en La Habana era ya práctica conocida, la de vetar y eliminar a los que no eran de su bando. En Cuba, siempre estuve en su lista negra, aunque nos conocíamos desde principios de los sesenta. Y a su llegada al exilio, cuando se me invitó a un Congreso en Suecia, decliné asistir porque no estaba dispuesta a participar en nada donde estuviera él. Pero Heberto Padilla, que sí fue, le dijo a Jesús las razones que tuve para no hacer acto de presencia. Luego, cuando visitó Miami, me envió un mensaje pidiéndome perdón. Sin embargo, en el invierno del 2000, a raíz de la muerte de Heberto, la Revista Encuentro le dedicó un número "homenaje", sin que por supuesto se me hubiera solicitado colaboración alguna. En cambio, sí aparecieron siniestros personajillos que ni fueron grandes amigos de Heberto, ni lo estimaban en lo personal. Y para mi sorpresa, apareció allì una supuesta entrevista a Heberto, donde ponían en boca suya insultos a mi persona, y se daban datos y fechas equivocadas, que subrayaban aún más la falsedad de la entrevista. Ni ése era Heberto, ni por supuesto, era él capaz de hablar en esos términos de mi persona y de nuestras relaciones. Para colmo de estulticia, aparecía allí el artículo de una loca desenfrenada, acusándome de haber yo robado el patrimonio (libros, papelería y archivo) de Heberto Padilla, y que eran también parte de toda una vida en común. Una revista que se respete y respete las leyes sería incapaz de publicar algo así. Aquello parecía no un homenaje a Heberto, sino un trabajo de descrédito --(contra el y contra mí) organizado desde cuba por la Seguridad del Estado. Indignado, mi hijo Ernesto llamó a Jesús Díaz a Madrid, y éste le respondió que yo podía enviar una carta. Por supuesto, yo no mandé nada, porque la carta hubiera sido impublicable. Repito, han pasado los años y me he mantenido callada. Hasta hace un par de semanas, cuando harta de las manipulaciones de cierta gente, escribí mi artículo "Guayabitos en la azotea" y se lo envié a Encuentro en la Red, pues daba respuesta a uno de Reina María Rodríguez aparecido allí. Como era de esperar, ni se me acusó recibo, ni se publicó, ni se me contestó un mensaje que más tarde les hice llegar. Sin embargo, en este debate sobre la presencia de Luis Pavón y los otros testaferros, no han faltado en Encuentro los discursos de cuantos han abierto la boca en Cuba para dar su opinión sobre el tema, sin que apenas se conozca la opinión de los que aquí todavía tenemos voz y fuimos también víctimas.
Encuentro y sus directores no sirven a "las dos orillas", sino a una piña muy acoplada que se cree con derecho a usar los dólares de las instituciones norteamericanas, mientras a su vez ejercen la censura y el "apartheid cultural"¨. Si no vives en Cuba, si no respondes a sus intereses, no puedes publicar en Encuentro. Los únicos enlaces que Encuentro en la Red tiene son de instituciones oficiales de Cuba. Linden Lane Magazine no existe para ellos, ni La Casa Azul, ni La Peregrina, ni los demás esfuerzos del exilio. Y la web site que promueven es la de Nancy Morejón, poetisa oficial, con alto cargo en La Casa de las Américas.
¿Estoy exagerando? En el nuevo libro de Rafael Rojas, uno de los directores de Encuentro, Tumbas sin sosiego (Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano) dedicado al análisis de la cultura cubana dentro de la isla, y en el exilio, no aparece mi nombre en sus 506 páginas, ni Linden Lane Magazine (con venticinco años de existencia), ni ninguna referencia a mi labor en este pedregoso exilio. ¿Cómo se puede hablar del Caso Padilla sin mencionarme? ¿Dónde estaba él entonces, que se permite escribir sobre la cultura cubana y borrar mi nombre? No, ya estoy harta de los estos nuevos comisarios, llegados al "exilio" para continuar su labor de zapa.
Sí, Encuentro censura, discrimina, no le da cabida al quehacer de la cultura cubana en el exilio. Duro es tener que alzar la voz cuando todos callan. BelkisBell@Aol.com
Publicado en Panorama/Nuevo Horizonte, Fort Worth, Tx. Marzo 4, 2007

Sunday, October 01, 2006

Heberto Padilla & Belkis Cuza Male, Elizabeth, NJ, abril 1980

Abril de 1980:
Heberto Padilla &
Belkis Cuza Male, en Elizabeth, NJ, a solo un mes de salir Heberto de Cuba.
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Paisaje con Heberto Padilla

BELKIS CUZA MALE

Escribo este artículo el 24 de septiembre. Llevo semanas pensando en lo que quiero escribir de él, quiero decir, de Heberto Padilla. Un día como hoy, hace seis años, murió de un aparente ataque al corazón (¿o lo mataron?). Estaba solo en su apartamento de Auburn, en Alabama, y hacía poco más de un mes que había venido a visitar a Ernesto, nuestro hijo, y a mí a Fort Worth. Y un día antes de morir, como hacía siempre desde que enseñaba en esa universidad, me llamó para conversar un rato. Recuerdo en especial su buen ánimo de entonces, y lo bien, decía, que se estaba sintiendo. También me aseguró que después de diciembre regresaría a Fort Worth para comprar una casita cerca de la mía y establecerse aquí, como yo le había estado pidiendo desde hacía cinco años cuando decidimos separarnos, después de un matrimonio de casi tres décadas.
No fuimos nunca una pareja al uso. Nos tocaron tiempos difíciles, pero compartimos alegrías y tristezas --y un gran amor: ahí están sus poemas-- con la certidumbre de que nada podía separarnos, ni siquiera los ingentes esfuerzos de la Seguridad cubana, ni sus atroces métodos, como el de aquella siquiatra de esa institución represiva que me conminó, a raíz del ''caso Padilla'', a que abortara, aduciendo que yo no estaba capacitada mentalmente para tener otro hijo. De haber seguido sus malévolas ''orientaciones profesionales'', mi hijo Ernesto no hubiera nacido.
Como les digo, no es fácil ser una pareja de escritores oprimidos por la dictadura comunista, con la policía secreta visitándonos una vez por semana durante años, el teléfono intervenido, y vigilados como delincuentes peligrosos. Y no era fácil lidiar con la depresión y el ostracismo, con la ausencia casi absoluta de amigos, y el dogal al cuello. Pero yo inventé métodos para escapar de aquella fea realidad, y sostenida por la fuerza que encontré en Dios, y la visión de algunos textos de metafísica que me facilitaba el increíble Joseíto, mi maestro espiritual, nuestro exilio interior se convirtió en una experiencia casi renovadora.
Recuerdo que le propuse a Heberto que empezásemos a escribir cada uno una novela (bastaría con dos cuartillas al día) y ejercicios para mantenernos sanos, física y mentalmente. De aquella apuesta a la recuperación emocional, para contrarrestar la resaca incesante del llamado Caso Padilla, nació mi novela Aventuras de Juan y Juana, todavía inédita y que hace dos años rechazó una editorial de Barcelona, deseándome buena suerte.
Nadie que yo sepa ha leído esa novela, salvo el escritor mexicano Carlos Fuentes, quien en 1975 fue jurado de un concurso adonde logré hacer llegar desde Cuba el manuscrito. No me dieron nada, ni una mención, pero luego encontré (¡creo en las coincidencias!) que Terra Nostra, de Fuentes, tenía ideas en los capítulos finales muy parecidas a la mía.
De esa temporada salieron los poemas de Heberto de El hombre junto al mar, luego publicados por Seix Barral. Pero no logré, por supuesto, que hiciera ejercicios ni mucho menos que se interesara por mis lecturas metafísicas. Sin embargo hizo amistad entrañable con Joseíto.
Voy a contarles un secreto (no tan secreto ya). Más que las torturas que sufrió en la Seguridad del Estado, Heberto decidió hacer aquella espantosa autocrítica luego de que nuestro interrogador, el teniente Pedro Alvarez Lugo (más tarde parte del juicio contra el general Ochoa), le hizo oír la grabación del interrogatorio que me hicieron en los cuarteles de la Seguridad. Heberto no sabía que yo también estaba detenida. Luego, ya ambos en liberdad, fui yo la que le rogué a Heberto me dejase a mí también participar en el denigrante mea culpa del 27 de abril en la Union de Escritores. No, él no me acusó a mí de nada.
Por eso, en diciembre de 1978, cuando fui llamada al despacho de Fidel Castro, tras una carta mía acusatoria a la Seguridad del Estado, y me recibió su secretario particular, el doctor Chomy Miyar Barruecos, no podía creer lo que estaba oyendo: ``En primer lugar, el comandante en jefe me ha pedido que le diga que la revolución --y no dejaba de mirarme fijamente-- reconoce que ha cometido un error con ustedes y que está dispuesta a rectificar, y quiere que usted se lo trasmita así a su esposo. Y, en segundo lugar, el comandante en jefe quiere que Padilla sepa que la revolucion está dispuesta a darle todo lo que él pida, todo, óigame bien (y recalcó todo) a cambio de que no abandone el país''.
Nunca he sido valiente, pero no sé de dónde me salieron las palabras para ripostarle: ''Mire --le contesté--, yo no puedo decirle a un hombre que ha sufrido tanto, y que lo único que quiere es irse del país, que acepte esa oferta. Usted tiene que llamarlo y decírselo personalmente''. Tampoco sé cómo salí de la cueva del lobo, pues estaba en el llamado Palacio de la Revolución, en las mismas oficinas de Fidel Castro. No sólo lo había oído retractarse de un gravísimo error, sino sabía ya de primera mano que era capaz de intentar comprar a cualquiera.
Hoy Heberto está muerto, algunos todavía lo siguen considerando un cobarde, pero yo, que lo amé como nadie y compartí su vida (y también su muerte), puedo asegurarles que un día Cuba rescatará su memoria del ultraje y la vergüenza que lo llevaron a una temprana muerte. Su obra es quizás el mayor bofetón que esa revolucion ha recibido jamás de un escritor. Pero es también el hermoso homenaje de un gran poeta a su patria, de un poeta que siempre ha vivido en Cuba.
belkisbell@aol.com